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Opinión | Desde la butaca

Málaga

Volver a vernos

La primera noche del COAC va de volver a mirarnos a la cara, reconocernos en el patio de butacas, en los abrazos torpes y en los silencios previos.

La comparsa Los Trapos, en la primera preliminar del COAC

La comparsa Los Trapos, en la primera preliminar del COAC / Mauri Conde

El Carnaval en su reflejo de ilusiones y emociones levantaba telón para acoger y dar la bienvenida a una nueva edición del Concurso de Agrupaciones de Canto. Pero la primera noche nunca va solo de empezar un concurso. Va de algo más profundo: de volver a vernos.

Según bajaba las escaleras de la ESAD volvía a mi esa emoción conocida, la de sentir el ambiente, la de volver a respirar ese aire único que sólo se da aquí y que te cala hasta los huesos. Y casi sin querer, me vino a la cabeza un verso del desaparecido Juan Carlos Aragón que decía: “Volvemos porque aquí somos verdad. Porque hay sitios donde uno no compite, se reconoce. Y porque antes de cantar, esta noche había que volver a mirarnos”.

Mientras esos versos resonaban en mi cabeza, supe que Aragón tuvo que escribirlos después de una noche de preliminares. Porque son eso, exactamente, estas primeras sesiones del concurso: miradas, sonrisas, abrazos y nervios a flor de piel. ¿Puede algo más bonito para un carnavalero que una noche de preliminares! Qué va. Solo quien ama esta fiesta lo entiende.

Y es que, desde el último febrero, no habíamos vuelto a vernos. El resto del año parece que la ciudad se diluye, que nos separa la rutina, la vida, el calendario. Por eso los saludos son más efusivos, más largos, más sinceros. Por eso una de las frases que más se escucha es: "¡Hay que ver, que sólo te veo por carnavales!". ¿Y qué más da? Si lo bonito de todo es precisamente eso: que volvemos a vernos.

El Carnaval no se rinde

Volver a vernos como confirmación de que esto sigue adelante. De que el Carnaval de Málaga, aún con muchas piedras en el camino, no se rinde. De que vuelve a levantarse, una vez más, para nuestra buena ventura.

Recorrer la sala de la ESAD en la primera noche es un chute de energía que mata de un plumazo todos esos malos augurios que llevábamos meses escuchando sobre la salud de nuestro concurso. Cosquilleo, alegría, dopamina por todo lo alto.

Volver a vernos como aficionados. Volver a vernos como una prensa que continúa apostando por la fiesta. Volver a vernos con las coplas, con nuestras murgas, comparsas, cuartetos, coros… Unos que regresan. Otros que se estrenan.

Y es que esta primera noche no va de volver a cantar, ni de volver a competir. Va de volver a mirarnos a la cara, reconocernos en el patio de butacas, en los abrazos torpes y en los silencios previos.

La primera noche del COAC no va de afinación ni de puntos: va de comprobar que seguimos aquí. Que, pese al tiempo, peso a todo, el carnaval vuelve a juntarnos antes incluso de empezar a juzgarse. Porque mientras haya febrero, teatro y coplas, Málaga siempre sabrá volver a encontrarse.

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