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Opinión | Orquesta Filarmónica

Alejandro Fernández

Málaga

Abraham Cupeiro regresa a Málaga con Mythos

Abraham Cupeiro, con uno de sus instrumentos ancestrales

Abraham Cupeiro, con uno de sus instrumentos ancestrales / La Opinión

Este pasado viernes y sábado, con el cartel de "no hay billetes", el músico, compositor, divulgador e organólogo Abraham Cupeiro regresaba a Málaga junto a la Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM). Presentaba su nuevo espectáculo, Mythos, recientemente grabado en los estudios Abbey Road junto a la Royal Philharmonic Orchestra y con las orquestaciones de Manuel Pacheco.

Formado en el Real Conservatorio Superior de Madrid como trompetista y especializado en música antigua, Cupeiro es hoy el "luthier de lo imposible". Ha rescatado del silencio instrumentos que la arqueología solo conocía por grabados o monedas, como el karnyx, integrándolos con maestría en las sonoridades y colores de la orquesta sinfónica moderna. Lejos del exotismo anecdótico, su propuesta constituye una redimensión de estos timbres que se alza como un vehículo de creación musical de indudable altura artística.

A lo largo de algo más de una hora y cuarto, el polifacético músico gallego fue desgranando los ocho espacios que conforman este viaje junto a los profesores de la OFM. Bajo la cuidada y atenta batuta del maestro Víctor Eloy López, el conjunto extrajo acentos que subrayaban los escenarios míticos y evocadores de la obra; una música en contexto que trasciende la simple evocación para dialogar con un oyente que construye, mediante la imaginación, historias hundidas en la noche de los tiempos.

Estos escenarios se iniciaron en la Grecia clásica con Réquiem por Marsias, una página originalísima en la que destacó la dualidad del aulós, de sonido punzante y casi animal, representando el desafío del sátiro a Apolo. Acto seguido, la narrativa deambuló por las tribulaciones de los legionarios romanos en Requiem a Minerva, un rito de vida y muerte que supuso un momento de introspección lírica donde el instrumento antiguo se transmutó en voz humana.

El programa prosiguió con El señor de la danza, partitura que representa la fuerza terrestre y el conflicto, pero también la espiritualidad de los pueblos que hallaban en el metal un vínculo con lo divino. Este vigor contrastó con el carácter lírico y perfumado de Simurgh y la pluma de oro, que acercó al público al exotismo persa de Las mil y una noches. En ella, la seductora orquestación y el uso de los metales permitieron a Cupeiro recrear dicha mitología sin restar ni un ápice del carácter ancestral que posee el conjunto de la obra.

El periplo alcanzó su cénit en Atlantis, un ejercicio de imaginación sonora donde la arqueología se rinde a la leyenda. En esta pieza, Cupeiro otorga voz al mito submarino a través de la presencia telúrica del karnyx, cuyo metal parece emerger de las profundidades para resonar en el presente.

Asistir a una representación de Mythos permite comprender que el trabajo de Abraham Cupeiro no es un mero ejercicio de nostalgia museística, sino una reivindicación del asombro. El músico gallego logra quebrar el cristal del tiempo para recordarnos que el sonido primigenio nació de la observación de la naturaleza y del temor reverencial a lo sagrado. Se trata, en última instancia, de una cita imprescindible para quien busque en el arte algo más que el entretenimiento pasajero: una auténtica conexión con lo eterno.

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