Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | La señal

Descarrile nacional

Un tren Avant de Renfe en la estación de A Coruña durante una jornada de lluvia

Un tren Avant de Renfe en la estación de A Coruña durante una jornada de lluvia / V. Currás

Se le puede llamar de muchas formas, de hecho, tengo conocidos que para no traicionar sus convicciones ideológicas no dejan que la realidad les estropee sus montajes, pero lo de las otras noches en Adamuz es el descarrile nacional. En este país se va la luz y no pasa nada, ni se dan explicaciones, ¿para qué? Ahora, en el suma y sigue, un accidente ferroviario con cuarenta y cinco muertos tampoco es causa suficiente de dimisiones en cadena -aparte de las esperadas acciones judiciales-, ni para que el principal partido que se dice de la soft oposición haga algo más que gestos en la niebla que todo lo cubre en este crudo invierno. Mientras, el Gobierno y sus coprotagonistas de la telenovela se empeñan en no relacionar el aviso de los maquinistas, la inversión deficitaria y la corrupción. Ahora, Óscar Puente (la fama le precede) debería ser Mazón, pero Feijóo siente vértigo. Ya estamos acostumbrados. A Génova sí se dirigieron los socialistas exigiendo que no se les mintiera tras el atentado de los trenes de Atocha, pero el PP no marcha en dirección a Ferraz, ellos siempre son la liebre.

El que me tiene atareado de verdad es el general chavista Miguel Rodríguez Torres, elegido por Delcy y Zetapé como el hombre de la transición venezolana, el mismo que urdió una trama contra el expresidente Aznar -por el intento de derrocar a Hugo Chávez- con la ayuda del exsubcomisario José Amedo, sí, el de los GAL, ¿recuerdan a los actores de la peli? Por cierto, que el policía escribió un libro que todavía está en Amazon, ‘El encargo’. Hay muchos secretos en los libros, como nadie los lee, que diría Azaña… Pero, vamos, que tampoco es para rasgarse las vestiduras cuando etarras como el sanguinario De Juana Chaos o Arturo Cubillas, y hasta unas cincuenta hienas que tienen causas pendientes en España, viven allá con la protección del SEBIN bolivariano. 

Aquí no cesan los ecos de Venus y Neptuno, y hasta rugen los leones, las estatuas de Ginés Serrán Pagán que claman contra la censura previa antes de subir a sus pedestales. Por cierto, que de Elena Laverón -también de Ceuta, como Ginés- no se ha escrito nada y merece unas letras, ¿verdad Rosario Camacho? Lo comentamos en el almuerzo de la Tertulia del Congreso en el Figón de Juan con el propio artista y el abogado del Estado en excedencia Alejandro Hernández del Castillo, entre otros próceres de la patria.

Otra Academia, la RAE, arrastra una enjundiosa polémica. En general, aunque no haya bloques compactos, el sector de los lingüistas sostiene que la institución solo debe registrar el uso de la lengua, eso de que la Academia fija, limpia y da esplendor es un cuento, y yo que me lo había creído… El otro sector, el de los escritores o creadores, dice que registrar no es limpiar y que, si el uso mayoritario es lo que prevalece, por vulgar o incorrecto que sea, apaga y vámonos, estos son los míos, claro, porque hay que tomar partido hasta mancharse, que decía Celaya.

Todas estas tribulaciones tenían lugar en un exquisito pub de la Malagueta. Ya hablaba Orwell de los pubs como refugio para la clase trabajadora y espacio sagrado para los librepensadores. Un viejo político que nos acompaña recuerda que allí donde se asentaban los españoles, lo primero que hacían era levantar una iglesia; los holandeses no, un fuerte; y los ingleses, ¡ay, los ingleses!, pues levantaban una taberna. Bueno, este socialista, abogado de pro -y que solo bebe Antiquary con un cubito de hielo- estaba hablando del capitán británico Thomas Walduck allá por 1708, nada menos. Mi economista de cabecera apostilló aquello de lugares en los que conversar y deleitarse «al calor del amor en un bar». Veníamos del Tragatá de Benito Gómez, excelentemente atendidos y de suculento ciervo a la brasa con sus níscalos.

Pero no todo son setas, también hay denuncias falsas, por eso, agentes de la Policía Nacional detuvieron en Fuengirola a una mujer que acusó a su expareja de amenazarla y quebrantar una orden de alejamiento, pero resulta que no eran posibles los hechos porque el prenda estaba detenido en comisaría. Así que…, tan pillao, que diría cualquiera. Federico García Lorca lo prefirió así:

Era madrugada. Nadie

pudo asomarse a sus ojos

abiertos al duro aire.

Que muerto se quedó en la calle

que con un puñal en el pecho

y que no lo conocía nadie.

Tracking Pixel Contents