Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Notas de domingo

El destino y otros canallas

España costernada. La vida, tozuda, que sigue y otras andanzas

Miembros de la Cruz Roja atiende a familiares de víctimas en el siniestro ferroviario de Adamuz

Miembros de la Cruz Roja atiende a familiares de víctimas en el siniestro ferroviario de Adamuz / Clara Carrasco

Lunes. España gira en torno a la tragedia. Monotema en los informativos, radios, periódicos. Abatimiento general. Tragedia andaluza. Basura en las redes, políticos con casco y semblante grave, coordinación modélica entre administraciones. Medito sobre el azar, la casualidad, lo imprevisto, nuestra fragilidad y el progreso humano. Emergen las historias personales, que son las que nos conmueven. Un médico malagueño muerto en la flor de la vida, una chica que se salvó por sentarse en un vagón que no era el suyo, tantas y tantas peripecias de buena o mala suerte. El horror también. La mera imaginación de quedar atrapado en un amasijo de hierros y morir lentamente eriza la piel y se vuelve un pensamiento intrusivo. La gente ha dado un ejemplo de solidaridad y eficacia. Me fijo en el alcalde de Adamuz, hombre cansado, derrotado. Para él no hay chaleco. Los del Gobierno llevan uno amarillo y los de la Junta una especie de sudadera negra. Le quito la voz a la tele. En un canal hay unos tertulianos haciendo aspavientos y moviendo mucho los brazos como para la derecha. Cambio de canal. Estos tertulianos también aspaventistas pareciera sin embargo que mueven los brazos hacia la izquierda.

Martes. Llaman al timbre. Es un repartidor. Mi hijo acude conmigo a la puerta ante la expectativa cierta de que sean ya las hamburguesas. El repartidor se parece muchísimo a Antonio Resines. Mi hijo me dice: es igual al del anuncio de Lowi. El repartidor se despide ceremonioso y, juraría, que a lo Resines. Le explico a mi hijo que Resines es mucho más que eso, que ha hecho cien películas por lo menos y que es todo un mito super popular y tal y bla, bla. Pero el código generacional es otro, claro; me oye como quien oye no llover. Lacónico: se van a enfriar y tráme el ketchup, please. Obedezco. Me viene a la cabeza una escena de Ópera Prima, aquel film fundacional de lo que se llamó la ‘comedia madrileña’ con Resines en estado de gracia. Almorzamos. Yo es que lo de los pepinillos en la hamburguesa no sé si acabo de verlo.

Miércoles. Me entero de la muerte en accidente de tráfico de Mikel Bustinza, dueño del asador Horma Ondo, en el pueblín vizcaíno de Larrabetxu. En Horma Ondo, un caserío imponente en mitad de una loma, y de la nada, con vistas a emblemáticos montes y a sus propios huertos, se es muy feliz. Su hija y su mujer, inglesa, manejaban la cocina, la parrilla y las relaciones públicas maravillosamente. Bustinza era toda una institución en la hostelería de la zona. Consternación. Recuerdo la conversación y sus recomendaciones, un día de este verano, bonachón, libreta en mano, entrañable, erudito, sobre el pescado y sus variedades geográficas.

Jueves. Tenía billetes de tren adquiridos semanas atrás para viajar hoy a Sevilla para participar en un programa de televisión. No viajo. Me escribe un compañero diciendo que me va a sustituir él en el programa al que iba a acudir yo. Pienso todo el día que lo que me acontezca hoy, y a él, no es en realidad nuestro destino. Es el del otro. Tal vez sea él el que compre lotería en Sevilla y no yo. O el que tropiece o el que tenga un feliz sucedido o un incidente que estaba destinado para mí. Yo, en mi ciudad, viviré lo que no estaba previsto que viviera, dado que tendría que estar en Sevilla. Me quedo en la cama.

Viernes. Tertulia radiofónica, gimnasio con moderación, lectura de ‘Un refugio en la espesura’ (Bartleby editores) de Itzíar López Guil, poeta madura y galardonada con la que me da la hora del aperitivo, que es un Muelle Uno donde solo atisbo extranjeros. A veces escribo solo para poder utilizar el verbo atisbar. Medio maratón de series: ‘La diplomática’, alta intriga política, entretenidísima, y ‘Marbella, expediente judicial’, con Hugo Silva y Natalia Molina. La primera parte de ésta -otra serie que creo que se titulaba Marbella a secas- me resultó tópica y algo banal, previsible. Finalmente coñazo. Pero esta está bastante bien. Qué buena secundaria es Elvira Mínguez. Marbella va siendo ya recurrente como escenario o protagonista de series. No estaría mal tampoco un buen novelón sobre ella.

Tracking Pixel Contents