Opinión | Desde la butaca
Mujer en Carnaval

Imagen de la actuación de La Comparsa del Valle / Mauri Conde
Me vais a perdonar, pero hoy estas líneas son para ellas. No puede ser de otra manera. Para que así lo fuera —como se suele decir— tendría que nacer de nuevo. Y creo que vais a entenderme. El pasado viernes, charlando en antena con Pepelu y su hija Blanca, estudiante de cuarto de Periodismo, brillante y con unas tablas que ya quisieran muchos, me contó que su Trabajo de Fin de Grado será sobre la mujer carnavalera. Imaginaos lo que sentí al escucharla. Hay esperanza. Y más en estos tiempos convulsos en los que vemos a jóvenes coreando consignas de ultraderecha. Pero ese es otro cantar.
A lo que venimos: mujer y carnaval. Feminismo carnavalero. Un feminismo que todavía parece tener que pedir permiso, que puede venir… pero sin hacer demasiado ruido. Y de esta afirmación no me mueve nadie.
Mujeres que, como en tantos otros ámbitos de la vida, lo tenemos infinitamente más difícil para poder salir en carnaval. Yo he vivido noches de lunes de ensayo con niños dormidos en sillas, con miradas que no se separan de ellos mientras se aprende un pasodoble, vigilando que no se desmadren para poder terminar el ensayo. He vivido noches frías sabiendo que al día siguiente había colegio, acostándolos más tarde de la cuenta porque era eso… o no ensayar. He visto rostros de culpa mientras se sacaban coros, y compañeras dando la cena de una fiambrera a niños que no eran suyos. He sido testigo de pruebas de disfraz con lágrimas, con manos pequeñas tirando del pantalón pidiendo irse a casa. He presenciado ansiedad, carreras, llamadas de suegras porque la fiebre no baja y hay que salir pitando del ensayo.
La mujer en el carnaval tiene muchos avatares. Y formar parte de una agrupación, con el nivel de implicación que supone cantar, es uno de los más duros y complejos. Conciliación, cantaban el sábado las niñas de Alhaurín. Renuncia a mi pasión de cantarte porque tenía que cuidar de mi familia.
Una comparsa costumbrista, elegante, preciosa en escena. Una maravilla. Y vocalmente, pues eso: una maravilla.
He de decir que yo soy de otro estilo. Más transgresor, más reivindicativo. Porque creo firmemente que es necesario para seguir avanzando en esta igualdad por la que tanto hay que luchar. Y justo ayer, en Alhaurín, una mujer fue asesinada por su expareja. Y aunque luego se escuche el cansino “otra vez a lo mismo”, no nos queda otra que seguir. Seguir molestando. Seguir haciendo ruido.
Ver una primera fila de mujeres cantando así, con esa fuerza, con esa verdad, me revolvió todas las tripas carnavaleras. Os juro que pasé la actuación con los ojos llenos de lágrimas. En el popurrí llegó el mensaje. Ese que no podemos cansarnos de cantar. No estaba escrito por una mujer, pero Dedé supo captar, sentir y plasmar a la perfección todos esos prejuicios contra los que luchamos a diario. Como mujer, como carnavalera y como aficionada, solo puedo decir: gracias. Mientras haya mujeres cantando verdades en un escenario, el carnaval seguirá teniendo sentido.
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