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Opinión | La voz alzada

David Delfín

Málaga

Reciprocidad

Las coplas han encajado perfectamente en esta época gracias al empleo del lenguaje común

Imagen de archivo del Carnaval en la calle

Imagen de archivo del Carnaval en la calle / Gregorio Marrero

El filósofo Javier Gomá argumenta en sus obras que somos ejemplos rodeados de ejemplos, envueltos en una red de influencias recíprocas. El carnaval —por definición— es desorden, del mismo modo que el carnaval cantado es orden, en la medida en que, durante los últimos cincuenta años, se ha adecuado a ser un altavoz que no tiene como principal objetivo destruir, sino denunciar; una llamada a la corrección ya sea desde la trascendencia o desde el humor. Las coplas —elementos de conciencia— han encajado perfectamente en esta época gracias al empleo del lenguaje común, en el que, entre todas las formas de pensamiento, la más valiosa es, una vez más, la experiencia de la vida. Por esta razón, también constituyen una guía para la conducta ética del individuo. Y lo más importante: no pretenden servir como modelos de pensamiento a imitar, sino como medios para propiciar una reflexión recíproca.

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