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Opinión | 360 grados

¿Carta blanca del Kremlin?

El titular de Exteriores del Gobierno Putin no parece muy firme contra los EEUU

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante la presentación de la Junta de Paz en la ciudad de Davos, en Suiza (archivo)

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante la presentación de la Junta de Paz en la ciudad de Davos, en Suiza (archivo) / Benedikt von Loebell/World Econo / DPA

El ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, se refirió el otro día a la amenaza de Donald Trump de quedarse con Groenlandia y pareció darle al presidente de EEUU para ello carta blanca.

Tras asegurar que Rusia no tiene ambición alguna sobre Groenlandia, frente a lo afirmado continuamente por Trump, Lavrov explicó que la isla del Ártico no es realmente parte natural de Dinamarca, sino una conquista territorial de ese reino.

Pero lo mismo se podría decir de las islas Hawaii, de Puerto Rico, de los territorios del sureste de EEUU arrebatados por EEUU a México, y también de la rusa Siberia, conquistada desde Moscú y San Petersburgo entre los siglos XVI y XVIII.

Los zares explotaron los recursos naturales de esos territorios sin que se beneficiasen quienes los habitaban entonces y que terminaron aceptándolo sin que parezca, al menos de momento, haber allí movimientos separatistas.

Para los aliados europeos de Estados Unidos, el deseo expresado por Trump de quedarse como sea con Groenlandia sólo alegrará a Rusia, que verá cómo se producen fisuras en la Alianza que incluso pueden acabar destruyéndola.

En realidad, Trump no tendría que hacerse con la isla para convertirla en un ariete contra Rusia: ni Dinamarca ni la OTAN se opondrían a que montase allí las bases militares que le diera la gana. Y por eso tal vez ni Putin ni Lavrov parezcan mostrar excesiva preocupación.

Pero hay quienes no lo ven así allí y piensan que el eventual robo por EEUU de Groenlandia es un escalón más en su guerra global contra Rusia porque, con el deshielo, la isla será clave en la Ruta Marítima del Norte, que conecta el Atlántico con el Pacífico

Y da igual que Dinamarca, a la que pertenece la isla, sea ya uno de los países de la OTAN más hostiles con Rusia y que lo que parece ambicionar sobre todo Trump es plantar allí la bandera de las barras y estrellas como ha hecho ya con inteligencia artificial en su red social.

Ésa es seguramente la ambición del enorme ego del republicano, a quien algunos diagnostican demencia por su comportamiento cada vez más irracional, con síntomas claros como la confabulación, que se traduce en inventar continuamente historias que, sin embargo, cree ciertas.

Pero hay muchos en Moscú, sobre todo en el generalato, que creen que Putin está mostrando ya demasiada paciencia con Washington en la creencia de que lo que interesa al país de momento es ganar la guerra de Ucrania y no debe dejar distraerse por otras cosas como el reciente secuestro de buques rusos en alta mar.

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