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Opinión | La voz alzada

David Delfín

Málaga

1978

nada frenaría al colectivo decidido a construir una fiesta adaptada a las exigencias del final de un siglo y el inicio de otro:

Los Maomas sin H, en 1979

Los Maomas sin H, en 1979 / Carnavalmalaga1979.blogspot.com

Los motivos que reactivaron la fiesta fueron diversos: la Constitución de 1978, el recuerdo de las coplas republicanas, el impulso vertebrador de las peñas, el canon gaditano… y el recién elegido alcalde, señor Pedro Aparicio (abril, 1979), quien primero abrazó la iniciativa popular y luego la rechazó, por considerarla incomprensible y alejada de su modelo de ciudad, dejándola en manos de sus concejales. Sin embargo, nada frenaría al colectivo decidido a construir una fiesta adaptada a las exigencias del final de un siglo y el inicio de otro: ese fue su mayor mérito. Pero no olvidemos que, del mismo modo que las sucesivas crisis a partir de 1860 impulsaron la reorganización del carnaval, la Semana Santa y la feria como atractivos turísticos y económicos, de la mayor proyección —en febrero— de las Fiestas de Invierno durante la dictadura resultó un carnaval enmascarado, con el que varias generaciones festejaron la ilusión por el futuro, que es, en sí misma, toda celebración ciudadana. También la de 1978.

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