Opinión | Viento fresco
Infames
Cierra una librería y el postureta profesional, que no ha comprado un libro ni por equivocación, corre a lloriquear en las redes

Tristeza: la librería Tipos Infames de Madrid cerró el día 26 de enero. / l.o.
Hay más plañideras que compradores de libros. Ha cerrado en Madrid la histórica, mítica, acogedora y estupenda librería Tipos Infames, no podían ya hacer frente al alquiler, y la ola y ola de lloriqueos y de postureo no se ha hecho esperar. De gente que no entraría nunca en una librería.
Pasa como cuando cierra un periódico: se llenan de lamentos las redes. Ay, si todos los lamentateguis hubieran comprado alguna vez, alguna, ese periódico, tal vez no habría cerrado.
Claro que se puede lamentar el cierre de un comercio sin ser cliente de él; claro que se puede entristecer uno porque se apague una voz aunque no fuera la suya o afín, pero me refiero a esa impostura del que hace suya la lucha por el, pongamos, comercio de barrio, pero llena el carro en los súper de las multinacionales y se queda tan ancho. Una vez que coloca las cosas en la nevera, putea a los demás en las redes.
Estamos ante una nueva forma de hipocresía. O no: ante algo muy viejo, como el errejonismo.
Yo lamento el cierre de Tipos infames pero no voy dando la brasa con lo mucho que todos perdemos y bla, bla como si me pasara allí el día. Pero lo más importante: no culpo a nadie. Salvo a la gentrificación y al casero avaro, sí, pero no al mundo mundial inculto y paleto que no está a mi altura. ¿Qué siente un brasas cuando cierran una brasserie?
De los que estoy hablando es de los lamentadores profesionales, cenizos, prestos a apoyar no nobles causas perdidas, si no causa perdidas a secas. Buscadores de aplauso rápido. Sí hay un lamento real: cuando cierran un bar o garito. Ahí sí que es verdad que el que dice que se ha pasado horas y horas en él no está mintiendo. Claro que el problema de los bares no es la desaparición; es la sustitución. De los buenos de toda la vida a los templitos con pretensiones, quinta gama, el inevitable pulpo a la brase chicloso, sumiller atontao y cuatro euros la caña. Que cierre Tipos infames es una putada. Triste. Lo digo yo, que también me compro los libros por Amazon. Sin considerar a nadie un paquete.
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