Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Málaga de un vistazo

Taipei 101

Alex Honnold escaló el Taipei 101 sin cuerdas, demostrando una concentración y alegría que reflejaban su pasión por la vida, acompañado por su esposa y amigos durante el ascenso

Sin cuerdas ni arnés: Alex Honnold hace historia al escalar con éxito el Taipei 101

Sin cuerdas ni arnés: Alex Honnold hace historia al escalar con éxito el Taipei 101 / agencias

Alex Honnold escalaba El Taipei 101 de 508 metros de altura como quien subía a un pequeño árbol a rescatar un gato, sin cuerda, sin miedo y sin dudarlo. A mí me hizo sentir vértigo ajeno que, cansado ya de sentir tanta vergüenza de otros, no me venía mal para variar el sentimiento.

Cuando uno está tan lejos de semejante hazaña, se pregunta no sólo cómo alguien consigue completar ese sueño sino en qué momento llega a planteárselo como tal. Qué le mueve a realizar algo que, más allá de la preparación que se pueda tener, te mata si surge algún error o imprevisto. Creí ver la respuesta durante la retransmisión. Mientras ascendía, tan concentrado y sonriente, saludando y decidido.

Alex Honnold no parecía estar jugándose la vida, parecía más bien sentirse plenamente vivo. Como si fuera su ascenso una metáfora de la misma vida le acompañaba su mujer que fue subiendo por dentro del edificio y encontrándose con él por el camino, le acompañaron también amigos filmando, y una multitud en la calle y otros tras los cristales, conteniendo el aliento y gritando a veces, le acompañaban los comentaristas y millones de personas siguiéndolo por la tele, pero estaba en realidad solo en cada movimiento y también si se caía.

Y sólo él llegó hasta arriba. Y ahí, a más de 500 metros y alzado sobre un estrecho pináculo sonreía mirando y admirado desde lo más alto las vistas, la gente, la alegría, y supongo que también todo ese complicado trayecto que por muy planificado que pudiera estar había que recorrerlo improvisando, mecánicamente a ratos, con delicadeza a veces, con estrategia otras, y decidido siempre, como la vida misma. La misma vida que parecía jugarse pero que en realidad estaba disfrutando con lo que más le gusta hacer.

Tracking Pixel Contents