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Opinión | 360 grados

Disputas entre aliados con olvido de los demás

Trump, en su intervención en Davos, culpó a los aliados de Estados Unidos en Afganistán, pero no mencionó los más de 175.000 muertos afganos que dejó el conflicto.

Efectos de un ataque en Afganistán, en 2014.

Efectos de un ataque en Afganistán, en 2014. / Carlos de Palma

En sus delirantes declaraciones de Davos, el presidente Donald Trump culpó a los aliados europeos de no haber ayudado a Estados Unidos en Afganistán e incluso acusó a sus militares de cobardía.

Siempre estuvieron lejos del frente, afirmó el Donald, a quien la verdad le importa tan poco como el derecho internacional pues, según confesión propia, él sólo obedece a su “conciencia”.

La respuesta a sus palabras no tardó en llegar y desde su adulador palafrenero, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, hasta el príncipe Enrique de Inglaterra, que combatió en Afganistán como piloto de un helicóptero Apache, rebatieron sus afirmaciones.

Y todos ellos expresaron su profundo disgusto además de decirle, como si el Donald fuera a escucharlos, que, proporcionalmente al menos, muchos de los países aliados tuvieron allí más bajas que Estados Unidos.

Pero ni uno ni otros hablaron en cambio de los propios afganos, que, en las dos décadas que duró el conflicto, tuvieron más de 175.000 muertos, muchos de ellos entre la población civil.

Esos pueblos “tercermundistas” y “atrasados” que tratan tan mal a sus mujeres al parecer no cuentan en el cómputo de las víctimas.

Los militares de los tan civilizados países occidentales, y de modo especial los de Estados Unidos, cometieron, sin embargo, en el país asiático horrendos crímenes de guerra, asaltaron aldeas en medio de la noche y torturaron a civiles.

Por más que estuviese bajo el oportuno mandato del Consejo de Seguridad de la ONU, fue una intervención criminal la de la OTAN, que duró veinte años y no resolvió nada pues terminó con el regreso de los temidos talibanes al poder.

Pero nada de eso interesaba a Trump, quien tan sólo intentaba, en su insufrible arrogancia, demostrar que es el país que gobierna quien tiene poder hegemónico y poner al mismo tiempo de manifiesto la debilidad de los europeos, a los que manifiestamente desprecia.

Habría que preguntarse en cualquier caso qué valentía demuestra Estados Unidos cuando bombardea ilegalmente países desde el aire por miedo a enviar a sus tropas a luchar allí sobre el terreno.

Pero no merece la pena entrar en las provocaciones de un psicópata que ha demostrado haber mentido a sus ciudadanos cuando les prometió que con él en la Casa Blanca no habría ya más intervenciones militares desastrosas en otros países y que ahora hace la guerra no sólo a los demás sino también a sus propios ciudadanos.

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