Opinión | Tribuna
España se juega su modelo turístico en la gestión del agua
El sector turístico español afronta el desafío de la gestión del agua, un factor crítico ante la creciente escasez hídrica y los fenómenos climáticos extremos que amenazan su viabilidad

Los impactos de los extremos climáticos sobre los recursos hídricos. / CARLOS CRIADO
Ha transcurrido una nueva edición de Fitur, la gran feria internacional del turismo, donde la atención de medios, instituciones y empresas se centra en las oportunidades de crecimiento y los retos de sostenibilidad del sector. Sin embargo, hay una cuestión que en los últimos tiempos se ha convertido en la variable estructural que condicionará la competitividad y la viabilidad del turismo español en la próxima década: la gestión del agua en un contexto de extremos climáticos.
Durante décadas, España ha liderado el turismo internacional gracias a su clima, su litoral y su hospitalidad. Pero hoy, y cada vez más, la disponibilidad y calidad del agua es la verdadera «materia prima» sobre la que se asienta nuestro modelo turístico. Sequías cada vez más prolongadas, lluvias torrenciales impredecibles, olas de calor y episodios de inundaciones han dejado de ser excepciones para convertirse en la nueva normalidad. Diversos análisis recientes muestran cómo el ciclo hidrológico en la península está profundamente alterado y cómo los recursos hídricos se ven cada vez más condicionados por la volatilidad climática. Esta realidad, documentada en estudios como el II Estudio Facsa sobre extremos climáticos, deja claro que el agua es ya un factor crítico para el presente y el futuro del turismo.
Los impactos de los extremos climáticos sobre los recursos hídricos -sequías prolongadas, lluvias torrenciales, estrés sobre infraestructuras- ya están teniendo consecuencias directas y tangibles en los destinos turísticos. Las restricciones de agua en zonas tradicionales de sol y playa, el cierre de instalaciones por daños tras lluvias extremas, o la pérdida de atractivo de espacios naturales emblemáticos tras incendios o sequías, no son ya escenarios hipotéticos. Son episodios recientes que han obligado a hoteles, campings y parques acuáticos a recurrir a soluciones de emergencia como desalinizadoras móviles para poder atender la demanda de los visitantes y evitar cancelaciones masivas. Y, en paralelo, las lluvias torrenciales que han afectado a Andalucía, Cataluña, la Comunidad Valenciana o las Balears han provocado tremendos daños, demostrando la vulnerabilidad de infraestructuras y servicios esenciales.
Por lo tanto, es fundamental comprender que el impacto de los extremos climáticos no se limita a la economía local o a determinados sectores. El turismo, que representa más del 12% del PIB y de 2,7 millones de empleos según el INE, depende en gran medida de la seguridad hídrica. Sin agua suficiente y de calidad, no sólo se resiente la experiencia del viajero, sino la propia sostenibilidad del destino desde la hostelería y los servicios, hasta el patrimonio natural y la imagen internacional de España como país competitivo y confiable.
Los costes directos de los fenómenos climáticos extremos sobre el turismo como los daños en infraestructuras, la cancelación de reservas, o el cierre de destinos se ven multiplicados por los costes indirectos: pérdida de empleos, migraciones forzadas, menor inversión, deterioro de la marca-país y, sobre todo, una erosión de la confianza de los visitantes y de la población local. La presión sobre los recursos hídricos, sumada a la percepción de competencia entre turistas y residentes por el acceso al agua, puede convertirse en un factor de conflicto y desafección, como ya hemos visto en algunos territorios afectados por restricciones.
En este contexto, la pregunta no es si debemos adaptar el modelo turístico a la nueva realidad hídrica, sino cómo hacerlo a tiempo y de forma coordinada. En nuestro Informe detectamos tres grandes ejes de transformación que deben guiar la acción pública y privada en los próximos años.
El primer eje es la anticipación y la planificación inteligente. Ya no basta con reaccionar ante las crisis. Necesitamos integrar escenarios climáticos realistas en la planificación territorial y turística, invertir en sistemas de alerta temprana y modernizar infraestructuras con criterios de resiliencia y eficiencia. Esto implica, por ejemplo, digitalizar redes de abastecimiento, optimizar el uso del agua en hoteles y equipamientos, y diseñar protocolos de contingencia que permitan actuar con rapidez ante sequías o inundaciones.
El segundo eje es la colaboración efectiva entre administraciones, sector turístico y gestores del agua. La fragmentación de competencias y la falta de coordinación han sido, tradicionalmente, barreras para la gestión eficaz de los recursos hídricos. Hoy, urge superarlas y apostar por una gobernanza multinivel, transparente y participativa, que facilite la toma de decisiones compartidas, la inversión en soluciones innovadoras y la protección de los ecosistemas que sostienen el atractivo turístico de España.
El tercer eje es la innovación, tanto tecnológica como social y ambiental. Debemos impulsar la digitalización, la reutilización y la economía circular como pilares para construir un modelo turístico más eficiente, equilibrado y preparado frente al cambio climático. Esto implica mejorar los sistemas de monitorización, digitalizar redes, fomentar soluciones que optimicen el uso del agua, minimicen el desperdicio y contribuyan a preservar ecosistemas que sostienen el atractivo de nuestros destinos. innovación en tratamiento y reutilización de agua. A esto tenemos que sumar el aprovechamiento de las soluciones naturales como la restauración de ecosistemas fluviales, protección de humedales, fomento de la recarga de acuíferos y diseño urbano basado en la naturaleza.
En este Fitur, el debate sobre el agua debe empezar a ocupar un lugar central. No como una amenaza, sino como una oportunidad para liderar la transición hacia un turismo competitivo y sostenible en la era de los extremos climáticos. España tiene la responsabilidad y la capacidad de anticiparse y transformar su modelo turístico, situando la gestión del agua en el centro de la estrategia. La alternativa, como advierte la evidencia científica y la experiencia reciente, es perder competitividad, aumentar la desigualdad y poner en riesgo el bienestar de las generaciones presentes y futuras.
Suscríbete para seguir leyendo
- Los temporales sacan a la luz posibles restos del Butano en las playas de Málaga
- Málaga multa con 82.000 euros y veta tres años a una empresa que optaba al socorrismo en las playas
- Los embalses de la provincia de Málaga se acercan al 90% de su capacidad por primera vez en 13 años
- La explicación al tren de borrascas: por qué Málaga tiene abiertas las puertas del Atlántico
- Viaje al subsuelo de Málaga: el yacimiento romano del Thyssen abre el 3 de marzo
- Un conductor provoca un grave accidente en Málaga y se marcha sin una de las matrículas del coche
- Comienza en Campanillas la construcción del nuevo CEIP Intelhorce
- La fallida presa de Montejaque: de estar vacía a tener en vilo a miles de vecinos
