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Opinión | Tribuna

Málaga

La Esperanza: un nombre que cura, una identidad que nos une

La Virgen de la Esperanza de Málaga.

La Virgen de la Esperanza de Málaga. / L. O.

La designación del nuevo hospital de Málaga como 'Virgen de la Esperanza' vuelve a poner sobre la mesa el recurrente debate sobre la laicidad de nuestras instituciones. Para algunos, este nombre es un anacronismo en un Estado aconfesional, que no laico; para quienes vivimos y sentimos Málaga desde sus raíces, es simplemente un acto de sensibilidad social.

Es cierto que vivimos en un país aconfesional, pero no debe confundirse con amnesia cultural. Las instituciones no habitan en el vacío, sino en sociedades con historia, tradiciones y una idiosincrasia propia. Andalucía es mariana por los cuatro costados, eso está más que demostrado, y Málaga, en particular, guarda en la advocación de la Esperanza uno de sus pilares devocionales más sólidos.

¿Por qué es un acierto este nombre?

Primero, por una cuestión de humanización sanitaria. Un hospital no es solo un edificio de hormigón y tecnología; es un lugar donde el ser humano transita por sus momentos de mayor fragilidad. En ese contexto, la palabra 'Esperanza' trasciende lo religioso para convertirse en una necesidad vital. Para el enfermo y su familia, ese nombre no es una imposición dogmática, sino un bálsamo y un referente de fortaleza al que agarrarse.

Segundo, porque es el momento de reconocer la labor de las hermandades y cofradías. Durante décadas, y con especial ahínco en las crisis más recientes, como la pandemia, nuestras corporaciones han sido y son una de las mejores redes de seguridad de Málaga. Nuestra labor social, silenciosa pero constante, llega a donde la administración a veces no puede. Nombrar al nuevo gran hospital de la ciudad con una advocación tan querida es, en el fondo, un homenaje a esos miles de cofrades que trabajamos altruistamente los 365 días del año, muchos de ellos dedicados a los más vulnerables.

Criticar esta decisión apelando a una 'neutralidad' aséptica es ignorar el patrimonio inmaterial de nuestra tierra, de nuestra ciudad. La Esperanza forma parte del mapa sentimental de todos los malagueños, sean creyentes o no. Es un nombre que pertenece a Málaga y a su historia.

En definitiva, que el nuevo hospital se llame Virgen de la Esperanza no es un paso atrás en la modernidad, sino un paso adelante en el reconocimiento de lo que somos. Porque una ciudad que respeta sus raíces y cuida su identidad es una ciudad más humana y, por tanto, más capaz de sanar.

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