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Opinión | La voz alzada

Málaga

Jóvenes

A modo de espejos, el carnaval cantado les sirvió para reflejarse y verse a sí mismos

La interpretación es una forma esencial de estar en el mundo, la única forma humana, racional, de vivir (Lledó). Seguí con mucha atención la paulatina incorporación de jóvenes autores e intérpretes —hombres y mujeres— durante los años ochenta y noventa. Eran mis contemporáneos, y ellos sí empleaban las coplas como herramienta de autoconciencia y para reclamar su propio destino frente a una sociedad que cambiaba a pasos agigantados, modificando usos y costumbres. A modo de espejos, el carnaval cantado les sirvió para reflejarse y verse a sí mismos. ¿Qué significaba entonces ser joven, malagueño, andaluz, estudiante, hijo, cofrade, tener ideas políticas, pareja, el sexo o las drogas, estar en paro o sentirse libre…? Todos esos aspectos están presentes en los mejores libretos, y en ellos yo me reconocía. En la épica de sus composiciones, aquellos jóvenes difundieron su espíritu, y gracias a ello, hoy podemos experimentar e interpretar sus obras como parte de un pasado en común.

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