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Opinión | Desde la butaca

Málaga

Luces y sombras

Imagen de la iluminación carnavalera

Imagen de la iluminación carnavalera / La Opinión

Estamos ante un concurso rarito, que huele a transición, que se siente como cuando algo está a punto de cambiar y todavía no sabemos si lo que viene será para bien o para mal. Yo, que soy positiva por naturaleza, prefiero pensar que será favorable para la fiesta. Pero el runrún está ahí, flotando en el ambiente.

Es un «sí, pero no». Una sensación extraña, como si se nos escapara entre los dedos algo que, para mí, sigue siendo la joya de la corona. Que sí, que el carnaval es mucho más que un concurso. Que la calle es el verdadero carnaval. Pero para esta juntaletras este concurso sigue siendo el pilar que sostiene todo lo demás, el escaparate que marca el pulso de la fiesta. Y eso hay que cuidarlo. Ycuidarlo entre todos: la Fundación, las agrupaciones, la prensa y la afición. Porque el futuro es incierto. Luis Bermúdez deja su puesto y, ahora mismo, lo único que tenemos claro es este presente. Esta edición que estamos viviendo a medias entre el disfrute y el sufrimiento. Así que aprovechemos el momento, que ya Dios Momo decidirá qué será de nosotros.

Alguno pensará que soy una derrotista. Pero lo que estamos viendo, especialmente en la modalidad de murgas, es cuanto menos desconcertante. Grupos que a mi entender no dan el mínimo. No llegan ni en afinación, ni en interpretación, ni en repertorio.

Que en preliminares hay cabida para todo, dicen algunos. Bueno, vale. Pero hay actuaciones que te dejan entre la risa nerviosa y las ganas de echarte a llorar. Ya no hablamos solo de desajustes de voces o desorden escénico. Hablamos de repertorios anclados en otra época, con salidas de tono impropias, vulgaridades disfrazadas de cuplés y un lenguaje sexista y rancio. Un despropósito que duele más porque resta. Eso sí, quiero creer —y necesito creer— que los días que quedan de concurso serán capaces de darle la vuelta a esta sensación. Ojalá.

Porque no todo es negro. Ni mucho menos. La categoría también nos está regalando momentos muy disfrutables. Grupos trabajados, bien cantados, con humor inteligente —jejeje— e irreverente del bueno. Y además hemos vivido ese momento en el que una callejera, reina de la calle Granada durante muchos años, salta por fin a las tablas. Bien José Mari, bien. Y ojo a la última murga de la noche del miércoles, a su manera de cantar, a esas cositas que dejan poso. Porque todavía queda concurso. Así que una, cuando se le pasan los yugos derroteros, borra de la memoria lo que no estuvo a la altura y se queda con lo que sí. Y sigue disfrutando. Porque este concurso, con sus luces y sus sombras, sigue haciéndome feliz.

¿Y las comparsas? Dejemos ese melón cerrado… De momento.

Toca esperar qué nos traen las noches que quedan. Cruzar los dedos. Y pedirle a Momo que no tengamos que volver a hablar de eutanasia carnavalera. Y sí, no lo olvidéis: que os quiero a todos.

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