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Opinión | Viento fresco

Papel mojado

La tele habla de un nevazo en Madrid. Los noticieros y las tertulias ya tienen echado el día: caos en Madrid, nieve en la Gran Vía, atasco, manto blanco

La nieve cayó este miércoles de manera abundante en Madrid.

La nieve cayó este miércoles de manera abundante en Madrid. / ep

Sale uno a la calle y se encuentra el ventarrón, la lluvia, los patineteros inconscientes, el frío y los viandantes rezongando con ademán triste y ritmo cansino.

Me cruzo con un señor que lleva un café en la mano y me da los buenos días. Lo hace como quien entona un conjuro o da una contraseña. Una brizna de amabilidad extemporánea. Le devuelvo el buenos días y veo como el destino lo castiga: le cae un goterón en el vaso de cartón duro que a lo mejor acaba penetrando y mojándole el café. El hombre que bebía lluvia, podría titularse el momento.

Voy poco abrigado. Me siento pequeño en la adversidad. Para sentirme grande de nuevo, vuelvo a casa donde todo es grande: grande el desorden y grande las ganas de tomar café y grande la pereza y la tentación de edredonarse y no salir en todo el día.

La tele habla de un nevazo en Madrid. Los noticieros y las tertulias ya tienen echado el día: caos en Madrid, nieve en la Gran Vía, atasco, manto blanco.

En mi ciudad también hay alerta y mal tiempo y clases suspendidas en algunas zonas. Imagino a un infante feliz sin colegio comiendo golosinas y viendo dibujos animados, ajeno al mundo que discurre fuera, a los acontecimientos; imagino al ejecutivo atrapado en un coche, voy tarde a la reunión y tal. Desesperación.

Acabo este ejercicio de empatía imaginativa y me centro en mí mismo. Vano intento, ya me tengo muy visto. Apago la tele y enciendo la radio y me engolfo con un programa intemporal que me quita el frío.

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