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Opinión | El ruido y la furia

El peligro de la libertad

La reflexión sobre la libertad, inspirada por la canción de Lole Montoya, cuestiona la aparente defensa de la libertad que promueven líderes que actúan con métodos dictatoriales

Lole Montoya

Lole Montoya / L.O.

“De lo que pasa en el mundo/ por dios que no entiendo ná”, cantaba la maravillosa Lole Montoya en “Todo es de color”. Esa bulería, mecida en la voz de Lole, me ha acompañado, como un lema, toda la vida. Cuantísimas veces la habré cantado. Ahora mismo, mientras proso estas líneas, la musito entre dientes, será porque miro a mi alrededor y no entiendo nada. Como cada mañana, mientras la luz intenta desperezarse en un horizonte de nubes y vendaval, leo los periódicos, oigo la radio, veo los telediarios, y percibo que quieren hacerme creer que un fascista, capaz de establecer el terror en su país deteniendo y disparando a quien se le opone, es el mayor defensor de la libertad mundial y que sus incursiones en otros países, sus amenazas de invasión y guerra son, exclusivamente, una lucha por la libertad. Como dirían en Cádiz, “aro, aro, aro”, que para los no iniciados es la suprema expresión de “eso no te lo crees ni tú”.

La ciudad en la que nací, anclada en este sur que habito y que me habita, tiene, entre sus lemas, uno precioso: “la primera en el peligro de la libertad”. Siempre me gustó esa frase, ver la libertad como un peligro. Es arriesgado, muy arriesgado ser libre, y por eso muchos nos proponen el engañoso trueque de libertad a cambio de seguridad. Pero es un truco, una estafa, una forma de arrebatarnos el tesoro. Ya nos dejó dicho Benjamin Franklin que “aquellos que cederían la libertad esencial para adquirir una pequeña seguridad temporal, no merecen ni libertad ni seguridad”. La libertad no es opuesta a nada, aunque a ella todo se le oponga. La experiencia debería habernos hecho ya desconfiar de quienes, prometiendo seguridad, disparan a la gente, detienen niños, invaden países. Detesto profundamente cualquier dictadura, cualquiera, y acaso sería favorable a una fuerza internacional que derrocase, una a una, todas las que hay (no necesariamente con las armas), pero no confío, cómo confiar, en estos fascistas que quieren imponerse por la fuerza, en esta gente capaz de matar a quienes se les opongan.

“Nadie es más esclavo que el que se tiene por libre sin serlo”, nos enseñó Goethe. Para ser libre quizás solo haga falta una premisa, un único requisito: tener plena conciencia de ello. Si gozamos de libertad porque nos ha venido dada (porque otros la conquistaron antes), pero no la evaluamos como el inmenso valor que es, seguramente no seamos tan libres como pensamos. La libertad no es una consumación, es un comienzo, como afirmaba el pedagogo español Francisco Ferrer Guardia, que trazó un luminoso itinerario: la libertad como principio, la igualdad como medio, la fraternidad como fin.

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