Opinión | El adarve
Boro, el perro de los trenes
Boro, un cruce de schnauzer, se perdió durante el accidente ferroviario, pero gracias a la colaboración ciudadana y del Seprona, pudo reencontrarse con sus dueñas malagueñas

Boro, el perro desaparecido en el descarrilamiento del tren Iryo en Adamuz. / l.o.
El domingo día 19 de enero, al atardecer, los últimos vagones de un tren de la compañía Iryo, que había salido desde la estación María Zambrano de Málaga con dirección a la estación de Atocha de Madrid (es uno de los trenes que mi familia y amigos utilizamos para desplazarnos a la capital) descarrilaron e invadieron la vía contigua. Unos segundos después, otro tren que procedía de Madrid con dirección a Huelva, este de la compañía Alvia, arrolló los vagones que ocupaban la vía por la que circulaba… Dos catástrofes horribles con el intervalo de unos segundos. Resultado: cuarenta y cinco muertos, cientos de heridos, miles de traumatizados, entre viajeros y espectadores… Detrás de cada número existe una historia conmovedora, como la de la niña de seis años que perdió a toda la familia con la que viajaba hacia Huelva.
Ingenieros y especialistas, no policías, componen la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF), de carácter independiente, que investiga y, sobre todo, que determinará las causas exactas del siniestro. Al parecer se trata de un problema de mantenimiento de las vías. Había un trozo de raíl roto que provocó el descarrilamiento de los últimos vagones del Iryo. Esperemos. La coordinación de las instituciones estatales y autonómicas ha sido ejemplar. Todos unidos para ayudar a quienes lo necesitan.

Reencuentro de Ana con su mascota Boro / L.O.
El pasado jueves, día 29, se celebraron dos funerales casi simultáneamente, uno en Huelva presidido por los Reyes, con presencia de tres ministros del gobierno y del jefe de la oposición y con la asistencia de los familiares de las víctimas (Diana leyó un emocionante discurso en memoria de su madre, Natividad, fallecida en el accidente) y otro en la Catedral de la Almudena de Madrid, contraprogramado por la inefable señora Ayuso, que ha calificado, de forma miserable, a los familiares de los 9271 ancianos fallecidos en las residencias de Madrid durante la pandemia, de “plataforma de frustrados”.
Los vecinos del pueblo cordobés de Adamuz, de unos cuatro mil habitantes, se volcaron con los pasajeros accidentados ofreciendo gratuitamente todo lo que tenían
Quienes no pidieron en un año la dimisión del señor Mazón piden a gritos en el Senado, antes de que finalice la investigación, que dimita el ministro de transportes. Coherencia pura.
En estos accidentes, el terror se suele mezclar con la solidaridad. Los vecinos del pueblo cordobés de Adamuz, de unos cuatro mil habitantes, se volcaron con los pasajeros accidentados ofreciendo gratuitamente todo lo que tenían: mantas, comida, bebidas, tiempo, desplazamientos, abrazos, consuelo… En definitiva, solidaridad y compasión a raudales, sin que importe la hora, el cansancio o el miedo. Es hermoso comprobar cómo una catástrofe despierta en las personas sentimientos, actitudes y acciones cargadas de empatía y de generosidad.

Ana, la dueña de Boro, junto a su mascota. / l.o.
Entre los accidentados había dos hermanas malagueñas, una de ellas embarazada, que fue rápidamente trasladada a un hospital, todavía inconsciente. Viajaban con su perro, Boro, cruzado de schnauzer con perro de agua, que desapareció en el accidente. Huyó despavorido. No es difícil imaginar el pánico del animal ante el brutal impacto, las maletas y las bolsas que volaban, el ruido espantoso, los gritos de la gente y el desconcierto general.
Recuerdo muy bien la angustia de Ana García, la joven hermana de 26 años, que se debatía entre la incertidumbre de la evolución de su hermana embarazada, ya en la UCI, y la desaparición de su querido perro que, según sus palabras, era “parte de la familia”. Es necesario que ella diga a mucha gente insensible lo importante que es Boro para ella y los suyos. No todos saben lo que significa un perro para una familia que lo ama. Que escuchen a Ana. Que lean el libro de Jesús Mosterín “Los derechos de los animales”. Que lean también el libro de Julia Navarro “Cuando ellos se van”. Recuerdo muy bien la cara de angustia de Ana. Una cara llena de apósitos que ocultaban sus múltiples heridas, ya curadas, pero que no podían ocultar su tristeza y su angustia. En ese momento le dolía más su perro que sus heridas.
Me imagino a Boro vagando durante tres noches y cuatro días, de domingo a jueves, sin saber dónde ir, sin saber dónde y cómo encontrar a sus queridos compañeros de vida. Solo, con frío, con hambre, con dolo… Volví a ver las imágenes de Ana que pedía con angustia que alguien tratase de localizar a Boro. Pedía ayuda para que, en medio del caos, alguien pudiera recuperarlo. “Es familia”, decía con el rostro embargado por el dolor, por el miedo, por la desolación de la muerte y el horror que la rodeaba.
Me imagino a Boro vagando durante tres noches y cuatro días, de domingo a jueves, sin saber dónde ir, sin saber dónde y cómo encontrar a sus queridos compañeros de vida
Pasaron cuatro interminables días de angustia en los que Boro estuvo perdido, vagando por el campo. Un agente medioambiental del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) avistó el miércoles al perro en las inmediaciones del accidente pero Boro huyó al intentar cogerlo, y volvió a quedar en paradero desconocido. No sabe quién es la persona que le llama, pero sí sabe a ciencia cierta que no es una de las personas a las que busca. Bomberos, asociaciones animalistas y muchos voluntarios colaboraron sin descanso en la búsqueda mañana, tarde y noche. Conmueve saber que personas sensibles se esfuerzan por recuperarlo. Por el perro. Por la familia con la que vive. Creo que estamos avanzando en sensibilidad. La humanidad será mejor en la medida que cuide más y mejor a los animales. Efectivos del Instituto Armado llamaron a las dueñas de Boro para informarles de lo sucedido y, tras encontrarlo el jueves, para decirles que ya podían volver a abrazarlo.
Qué diferencia de la cara con la que Ana sonríe desde la ventanilla del coche en la que se la ve acariciando a Boro con ternura y diciéndole que ya se van para casa. Las heridas de su cara, aún visibles, han pasado a un segundo plano, ocultas por una resplandeciente sonrisa: su perro ya está seguro a su lado. Ella está feliz al lado de su perro.

Boro, junto a Ana, su dueña, de espaldas. / l.o.
Ana García, agradecida, dice a quienes la han ayudado a recuperar al perro: “Os prometo que lo voy a cuidar un montón”. Es su forma de agradecer la ayuda recibida que le ha permitido recuperar a su ser querido. Es que hay seres queridos de cuatro patas. Ya sabemos, Ana, que vas a mimar a tu perro. De la misma forma que sabemos que Boro te va a demostrar un afecto y una lealtad inquebrantables. Nadie ha oído decir a un perro te amo, pero nadie duda del enorme caudal de amor que el perro nos entrega.
Resulta estúpido pensar que la búsqueda del Boro ha supuesto abandono de las personas heridas o entorpecido el hallazgo de los cadáveres. No es cierto que la búsqueda de un “simple animal” haya dejado sin atención a las personas que necesitaban ayuda. Esos “simples animales”, por contra, han localizado a personas atrapadas entre los hierros y han permitido localizar los cadáveres. Esos “simples animales” pueden ser felices al lado de personas a las que ellos entregan todo su amor. Una historia con final feliz tras el trágico accidente. Una alegría entre tanto horror.
El Colegio de Veterinarios de Málaga anunció el jueves del hallazgo que se ofrecía a facilitar de forma gratuita ayuda especializada a Boro. La institución cuenta con un grupo de trabajo de medicina del comportamiento que está formada por veterinarios colegiados con un alto nivel de especialización para tratar los posibles traumas que haya podido sufrir tras el siniestro. Boro, fue adoptado en el año 2017 en la Sociedad Protectora de Animales y Plantas de Málaga.
Dedico este artículo a mis amigas malagueñas Lola Alcántara y Estela Guerra y a mis amigos ovetenses Noe y Fran. Estoy seguro de que pasaron malas noches mientras Boro vagaba
Esta historia me lleva a pensar en la triste situación que viven los animales cuando se produce una guerra, un incendio, un accidente, un terremoto, un tsunami, una inundación… Nunca he visto una estadística que haga mención de lo que les ha sucedido: tantos muertos, tantos heridos, tantos desaparecidos, tantos traumatizados… Existe una sensación que viene a decir que, mientras haya seres humanos en peligro, los animales no merecen compasión alguna. Sin embargo, la muerte y el dolor de los animales debería importarnos también. No son cosas. Son seres sintientes que comparten con nosotros la vida y el planeta. Dejarlos abandonados a su suerte nos deja a los humanos en muy mal lugar, como seres insensibles, egoístas y crueles.
Dedico este artículo a mis amigas malagueñas Lola Alcántara y Estela Guerra y a mis amigos ovetenses Noe y Fran. Estoy seguro de que pasaron malas noches mientras Boro vagaba, desesperado y sin rumbo por el campo y que estallaron de alegría cuando conocieron la noticia de su hallazgo. Porque tienen un corazón grande en el que caben todos los perros del mundo, especialmente los más desamparados.
También se lo dedico a las dos hermanas malagueñas (y al bebé que está en camino) que vieron enjugadas sus muchas lágrimas con el hallazgo de su querido Boro. Todos hemos quedado confortados por su regreso al hogar porque estamos seguros de que no iba a encontrar otro lugar en el mundo donde pudiera ser más feliz.
