Opinión | Desde la butaca
Entre puntos y pasodobles
Decida lo que decida el jurado, ya sea en los cortes o en los premios, siempre habrá disgusto.

Periodistas que están cubriendo el COAC Málaga este año. / Mauri Conde/Fundación Carnaval de Málaga
El Concurso de Agrupaciones de Canto del Carnaval de Málaga ha estrenado este 2026 sistema de puntuación. Una novedad que, como casi todo en el carnaval, no ha llegado sin polémica. Porque si algo nos gusta a los carnavaleros, además de cantar, es montar el debate. Se ha leído y escuchado de todo sobre esta nueva manera de valorar a las agrupaciones. Un sistema en el que las puntuaciones de preliminares no se arrastran al resto de fases. Un simple apto o no apto para llegar al Teatro Cervantes. Preliminares como fase puramente clasificatoria. La intención —al menos sobre el papel— parece clara: evitar que una gran actuación inicial condicione todo el concurso y que un grupo llegue prácticamente con el premio bajo el brazo haga lo que haga después. Así, las preliminares sirven solo para decidir quién canta o no en el Cervantes, y a partir de ahí el contador vuelve a cero.
Para algunos, comenzar las semifinales sin puntos acumulados es un desacierto. Para otros, este sistema permite que el jurado valore más la emoción del momento que la aritmética. A esto se suma otra novedad: la posibilidad de revisar y ajustar la valoración al final de cada fase, con la idea de ser lo más justos posible. Lo que está claro es que este año estamos ante un concurso piloto. Una prueba para comprobar si el sistema funciona o si, por el contrario, necesita ajustes. Conviene recordar, además, que este cambio fue planteado por los propios grupos en reuniones con la Fundación. Ahora solo queda esperar que el resultado contente a la mayoría, algo que, siendo carnaval, se antoja complicado. Porque hay una certeza inamovible: decida lo que decida el jurado, ya sea en los cortes o en los premios, siempre habrá disgusto. Forma parte de la esencia del concurso.
Quizá este año los diez que votan se libren un poco de los dedos acusadores y las críticas apunten directamente al sistema de puntuación. Sea como fuere, el primer fallo ya es historia. Las preliminares se despidieron de la ESAD y el veredicto inicial ya está sobre la mesa. A partir del domingo, el Cervantes se llenará de coplas y será entonces cuando los entendidos juzguen si este nuevo sistema ha sido justo o no. Alguna sorpresa ha habido, sin duda. Queda la pregunta: si es consecuencia del nuevo modelo o simplemente de que, según el criterio de esos cinco, algunas agrupaciones no alcanzaron el nivel exigido.
Al final, todo se decide ahí: entre puntos y pasodobles, entre lo que dictan los números y lo que nos remueve por dentro.
Yo vivo el final de las preliminares como una pequeña jornada de reflexión. Me invade cierta tristeza y melancolía, porque se termina mi fase favorita. Días de nostalgia, sabiendo que aquellas maravillosas noches de preliminares de 2026 ya forman parte de la historia.
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