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Opinión | 360 grados

Zelenski echa un rapapolvo a Europa

Zelenski se niega a izar la bandera blanca como le recomendó en su día el Papa Francisco

Zelenski lamenta que Putin no esté siendo juzgado como Maduro

Zelenski lamenta que Putin no esté siendo juzgado como Maduro

No satisfecho aún al parecer con mandar a cientos de miles de sus compatriotas directamente al matadero en persecución de su sueño etnonacionalista, el presidente ucraniano parece echar de menos una guerra global contra el «eje del mal».

En sus rabiosas declaraciones tras su entrevista en el Foro de Davos con Donald Trump, Volodímir Zelenski se quejó de que Occidente no se haya volcado en apoyo de los movimientos que tratan de derrocar regímenes autoritarios como los de Bielorrusia o Irán.

Y se lamentó que no haya habido tampoco ningún progreso en el establecimiento por Occidente de un tribunal especial internacional para los crímenes de los que Kiev acusa a la Rusia de Vladimir Putin, como si sus Fuerzas Armadas no hubiesen cometido también los suyos en el Donbás y en la propia Rusia: por ejemplo, en la región fronteriza e Kursk.

En un momento en que, según reconoció en un raro gesto de sinceridad su nuevo ministro de Defensa, Mijailo Fedórov, dos millones de ucranianos en edad militar siguen escondidos para evitar que los envíen al frente y un 20 por ciento de la tropa haya desertado, Zelenski se niega a izar la bandera blanca como le recomendó en su día el Papa Francisco.

Se permitió además en Davos el ucraniano echar un rapapolvo a Europa, acusándola de estar «perdida en el intento de convencer al presidente de EEUU de que cambie», algo que Donald Trump no va a hacer, según explicó, porque se siente bien en su propia piel, «en lugar de tomar el liderazgo en la defensa de la libertad en el mundo».

Y todo eso pocos días después de que sus aliados europeos acordaran conceder a Kiev de un nuevo crédito por valor de 90.000 millones de euros financiado con la emisión de eurobonos, que es casi seguro que Kiev jamás devolverá y que terminarán así pagando los propios ciudadanos europeos.

Pero si ello permite que lo que queda del ejército ucraniano siga haciendo sangrar a Rusia, los líderes de la UE, por cierto cada vez más impopulares en sus países, parecen darse por satisfechos porque, de momento al menos, las madres europeas no tendrán que enviar a sus hijos a luchar en Ucrania, como le gustaría a Zelenski.

En opinión de éste, la Europa actual es sólo un «hermoso pero fragmentado caleidoscopio de pequeñas y medianas potencias» sin peso en el mundo pues no ha logrado consolidarse como una potencia global. Y en esto al menos hay que darle la razón al presidente ucraniano.

El problema de Europa es que, olvidándose de sus propios intereses, sus dirigentes decidieron un día seguir servilmente a Estados Unidos en su artera estrategia de separarla de Rusia, donde está su fuente natural de recursos energéticos y demás materias primas, y cometió así su propio suicidio.

Se equivocó al pensar que con la guerra de Ucrania, a la que prestaría el apoyo militar y económico que fuera necesario, conseguiría destruir la economía rusa y cayó así en su propia trampa, de la que ahora, desesperada, no sabe cómo salir.

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