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Opinión | Desde la butaca

Málaga

Chupete de Oro

Hablar de La Crespi es hablar del futuro de la fiesta con mayúsculas

Febrero. Llegó el mes del carnavalero. El epicentro del año. El principio y el final para cualquier amante de la fiesta de la libertad. Febrero, donde el papelillo se convierte en decorado del día a día; donde la copla pasa a ser rutina y se mezcla con el quehacer cotidiano; donde el 3x4, que ya es banda sonora durante todo el año, en este mes (el más corto y, a la vez, el más intenso) suena más alto y se convierte en rey indiscutible. Febrero es también el de las madrugadas largas y los amaneceres con más café de la cuenta.

El Carnaval de Málaga abría febrero en el Teatro Cervantes con las semifinales. Antes, la Gala de la Cantera recuperaba el Chupete de Oro, premio que recayó en Ana Belén Rodríguez Crespillo, La Crespi.

Y hablar de Crespi es hablar de cantera en estado puro. Es hablar del futuro de la fiesta con mayúsculas. De ese futuro que se construye despacio, con paciencia, con cariño y con verdad. Toda una trayectoria carnavalera en la que no solo ha llevado a su murguita infantil a lo más alto a lo largo de los años, sino que ha sido y es parte activa del carnaval desde muchos frentes, participando, creando y sumando siempre. Crespi no solo tiene mano para los niños; tiene compás, tiene ritmo y un talento enorme para todo lo que tenga que ver con la creación carnavalera. Crespi ha sido bombo de una murga estando embarazada. Ha sido, como tantas otras (pero siendo ella), una de las mujeres luchadoras de nuestro carnaval.

De cuna

Le viene de cuna. Rafa y Mariloli son de esos incansables que llevan más de tres décadas haciendo por y para el Carnaval. Escuchar sus historias, las de cuando Crespi y sus hermanos eran pequeños y vivían esta fiesta desde dentro, es un auténtico privilegio. Crespi no se entiende sin los suyos. Porque cuando entras en el mundo de su murguita te das cuenta de que allí no solo hay una agrupación de carnaval: hay familia. Hay lealtad, honestidad y un «estoy contigo pase lo que pase» que se siente de verdad. Y da igual que llegues de nuevas; te reciben con los brazos abiertos. A los padres… y, sobre todo, a los más importantes: a los niños. Ahí está la clave de todo. En su entrega, en su cariño y en una dedicación a los más pequeños, difícil de igualar. Grupos donde hay más de cuarenta niños. Menuda mano derecha.

Crespi irradia amor desde el minuto uno. Cuando alguien es auténtica, se nota. Se percibe. Y todo ese trabajo lo realiza siempre guiada y apoyada por Alberto. Menudo tándem. Y por si hacía falta una prueba más, de esa murguita infantil ha nacido una murga que este año ya compite en adultos. El camino completo. El trabajo bien hecho. Porque la cantera no se toca. Por eso, ese Chupete de Oro se le queda corto.

Ahora sí. Ana Belén Rodríguez Crespillo: CRE-MA-LLE-RA.

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