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Opinión | Historia de Marbella

Librería Mata de Marbella: una vocación de librero entre periódicos y Marcial Lafuente

En 1937, Andrés Mata ‘Matita’ alquiló un local con vivienda en la calle Enrique del Castillo, en Marbella, que sería la futura Librería Mata

Una vocación de librero entre periódicos y Marcial Lafuente

Una vocación de librero entre periódicos y Marcial Lafuente

Generaciones de marbellíes interesados por el universo del libro, crecimos con las visitas gratificantes, al menos para contemplar sus escaparates, a la legendaria Librería Mata, la primera que existió en la ciudad. Representaba también el triunfo de la vocación de librero de su fundador: Andrés Mata, conocido como ‘Matita’.

Fue don Andrés un apasionado de todo lo relacionado con la cultura, aunque las circunstancias familiares le impidieron conseguir formación académica. Huérfano desde temprana infancia, su madre regentaba un estanco en la calle Ancha, donde comenzó a introducirse en el mundo de la papelería.

En 1937, tras la entrada en Marbella del ejército franquista, alquila un local, con vivienda, en la calle Enrique del Castillo, perteneciente a la familia Galbeño. Allí abre lo que sería la futura librería que se mantuvo en funcionamiento hasta el mes de noviembre de 2017. En la despedida se reconoció oficialmente su aportación a la cultura de Marbella con la concesión de la medalla de la ciudad.

Para iniciar la marcha del establecimiento contó con la ayuda económica de Juan Moré, propietario de un surtidor de gasolina cerca de la papelería de Mata. Comenzó alquilando tebeos y novelas populares, de forma especial las del oeste, escritas por Marcial Lafuente Estefanía y comienzo de publicación en los primeros años cuarenta.

Durante décadas la librería Mata fue la única existente en Marbella. Al principio fueron muy pocos los títulos y autores, hasta que incluso comercializó libros en otros idiomas por sugerencia de Cocteau, visitante asiduo del establecimiento.

Venta de periódicos... y de libros

Pero antes de los libros llegaron los periódicos. Comenzó con la cabecera del diario España, el más importante en español del norte de Marruecos, que se publicaba en Tánger. La venta de este diario fue decisiva porque, contando con la excelente acogida, animó a Mata a la difusión del ABC de Madrid.

Don Andrés no se sintió librero hasta que a sus estanterías no llegaron autores que ya entonces eran clásicos, como Pío Baroja. Curiosamente el diario España, de Tánger, tendría vinculación posteriormente con Marbella. En los años sesenta (1967) evolucionó hasta convertirse en la cabecera Sol de España, que abrió su redacción y talleres en Marbella.

Se situó en la zona norte de la calle Valentuñana. En la entrada había un cartel de grandes dimensiones con un dibujo de Antonio Mingote, ligado al periódico desde la etapa tangerina y vinculado a San Pedro Alcántara.

Sol de España comenzó con la dirección de Salvador Reina Lozano (Salvador de la Reina), periodista marbellí, hermano de Juan Carlos Reina, director de la emisora sindical Radio Marbella. Desgraciadamente, Salvador falleció en noviembre de 1968 en accidente de tráfico en la Cuesta de la Reina.

Posteriormente llegaría a la dirección Federico Villagrán Bustillo, siendo redactor jefe Rafael de Loma Rodríguez, posteriormente director. De Loma pondría en marcha, a mediados de los años ochenta La Tribuna de Marbella, de corta trayectoria. En el edificio se alojaban la redacción, la sala de ‘huecograbado’ y la rotativa. Allí prestaba servicio Antonio Borrego Hernández, que además era el jefe técnico de Radio Marbella.

La Librería Mata, crece

Pronto la librería Mata contó con todo tipo de prensa y de libros; lugar visitado por cuantas personalidades pasaban por la ciudad o aquí pasaban largas temporadas. Multitud de anécdotas podrían ilustrar la personalidad de ‘Matita’, reflejada en su indumentaria usando tirantes y en su seriedad y exigencia de rigor en el trabajo. Junto a él, su mujer, Rafaela Lara, a decir de la época una extraordinaria cocinera que hacía que Edgar Neville se saltase las normas alimentarias que le prescribían los médicos.

Don Andrés no tenía dobleces y se dirigía a los clientes, en ocasiones, casi con disciplina militar. Su hija (la historiadora y novelista Ana María Mata Lara) contaba un sucedido que no necesita comentarios: en cierta ocasión acudió a comprar el jugador de fútbol Alfredo Di Stéfano, seguido de una multitud que, dejándose llevar del entusiasmo, rompió una de las vitrinas de la librería, ante lo cual no dudó don Andrés en decirle al jugador que debería pagar el daño. Parece que nunca llegó a hacerse efectivo.

Transición a José Andrés

Tras su fallecimiento, su hijo, José Andrés Mata Lara y su mujer Leonor se pusieron al frente de la librería, conservando y acrecentando el prestigio. Ella pasó de empleada a dueña, lo que no deja de tener resonancias literarias.

Han pasado más de ocho años desde el cierre y todavía son muchos los lectores y lectoras que sienten la orfandad. Seguramente siempre fueron malos tiempos para las librerías y la venta de prensa constituía la tabla de salvamento, pero la realidad es que la venta de periódicos y revistas ha descendido drásticamente en las últimas décadas.

Puede que la vocación de librero, la que llevó a agudizar el ingenio de ‘Matita’, siga existiendo, pero ello requiere una dosis de romanticismo por la que hay que pagar un precio y el papel de sufridor resulta poco atractivo.

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