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Opinión | Viento fresco

Una mañana distinta

Cancelaron una cita inesperadamente: y ahí se abrió el destino y la mañana, libre, distinta. Quizás olvidable

Una mujer, en el centro de Málaga, cruza un paso de cebra con su paraguas al revés a causa del viento

Una mujer, en el centro de Málaga, cruza un paso de cebra con su paraguas al revés a causa del viento / Álex Zea

Había aparcado con éxito, rigor y prontitud, -con suerte también- y me comunicaron que el evento se había cancelado. Sonó el móvil, pip, pip, lo miré y ahí estaba el whatsapp. Aplazado, cancelado. Suspendido. El evento. Lo que pudo haber sido y no fue. El destino. Las casualidades. Se encuentra de repente uno en un lugar extraño, alejado, ajeno a las cotidianeidades propias. Con la mañana libre, anulada, cambiada. Tiempo regalado.

Estas cosas constituyen ese pequeño miedo a la libertad. O sea, que no sabe qué hacer uno.

Esa mañana se va a ir para no volver. Habrá otras magníficas y parecidas pero serán otras. Tal vez nunca recuerde esta mañana o la recuerde a medias o quizás el destino me depare algo inolvidable. No supe si echar a andar o a correr, si desaparcar o poner la radio. Por cierto, no sé yo la manía esa que tenemos de bajar el volumen de la radio cuando iniciamos la maniobra de aparcar. El sitio, del evento, no del aparcamiento, era raro, como moderno, quizás a decir de un arquitecto pomposo, futurista con trazas de barroquismo. Salió un hombre que se vino directo para mí y me dijo lacónico: el evento se ha suspendido. Lo dijo con el aplomo de quien rechaza en un restaurante unas alcachofas porque son de lata. Ya lo sé, le dije. Se lo dije como quien dice: por ese precio que quería usted, que fuera a recoger alcachofas al campo, las limpiara y cocinar y se las trajera a usted con esa cara que tiene... Pero no dije nada. Asentí. Me eché la mano al bolsillo para sacar el tabaco pero de pronto recordé que no fumo. La mañana avanzaba. Las mañanas avanzan sin piedad ni preguntar ni encomendarse a nuestros deseos. Pensé que al menos tenía asunto para la columna. La columna diaria hay que redactarla ya venga la mañana chunga o provechosa, nublada o despejada, con aire agradable o aroma a Chernóbil. Tal vez el verdadero evento fue que dispuse de tiempo sin yugo, de libre disposición. De asuntos propios.

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