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Opinión | 360 grados

El asedio de Cuba

El Gobierno de Estados Unidos, liderado por Donald Trump, busca asfixiar a Cuba con un bloqueo económico que recuerda a las tácticas de asedio medievales

Bandera de Cuba en La Habana.

Bandera de Cuba en La Habana. / Europa Press

Repitiendo prácticas frecuentes en la Edad Media cuando los ejércitos bloqueaban los suministros a una ciudad para provocar el hambre entre los sitiados, los Estados Unidos de Donald Trump buscan mediante el asedio más brutal la rendición de Cuba.

Es lo que ha tratado de hacer también su principal aliado de Oriente Medio, el genocida Israel, con los habitantes de la franja de Gaza.

“Cuba no sobrevivirá”, anunció amenazante y lleno de orgullo el gánster de la Casa Blanca a propósito del cerco total decidido por su Gobierno contra la isla caribeña.

En realidad, el bloqueo de Cuba comenzó hace ya seis décadas. Sucesivos gobiernos de Washington lo trataron todo- desde invasiones hasta intentos de asesinato de Fidel Castro- para recuperar el control de la isla, pero una y otra vez fracasaron estrepitosamente.

Hasta que llegó Donald Trump, quien, acompañado de su secretario de Estado, Marco Rubio, hijo de cubanos que emigraron a Estados Unidos, por cierto que no en pleno castrismo sino durante la dictadura de Fulgencio Batista, se ha propuesto que Cuba vuelva a su redil.

Trump califica al régimen castrista de “amenaza extraordinaria” y, en un decreto que lleva su firma, acusa a La Habana de “dañar a EEUU al apoyar a países enemigos, grupos terroristas internacionales y actores malvados que quieren destruir a Estados Unidos”.

Cómo un país sometido, repito, a sesenta años de bloqueo y hundido en la crisis más profunda, como sostiene al mismo tiempo Washington, puede representar esa terrible amenaza para la superpotencia es algo que nadie es capaz de explicar. Pero ya se sabe que con Trump no valen las explicaciones.

El ministro cubano de Exteriores, Bruno Rodríguez, calificó las acusaciones de Trump de “ristra de mentiras” y añadió que “el Gobierno de Estados Unidos demuestra cada día que él mismo es la única amenaza para la paz, la seguridad y la estabilidad en la región”.

Y es sobre todo la amenaza para países con gobiernos nacionalistas de izquierdas como Cuba y Venezuela, a cuyo jefe de Estado las fuerzas especiales de EEUU secuestraron en una operación ilegal con el pretexto del narcotráfico aunque el propio Trump terminase reconociendo que lo que le interesaba era hacerse con su petróleo.

Y controlar así las ventas del crudo venezolano e impedir que llegase a Cuba el que seguían suministrándole tanto Venezuela como México y la permitía mal que bien seguir al menos funcionando y resistirse al dominio de la superpotencia.

Venezuela ya no envía más petróleo a Cuba, y lo mismo parece hacer México: su último cargamento llegó a la isla a comienzos de enero.

Y aunque la presidenta Claudia Sheinbaum hable de una medida solo provisional, es posible dudar de sus palabras, dadas las fuertes presiones del vecino del Norte, del que México tanto depende económicamente.

De ahí que el jefe de la agencia cubana prensa latina, Jorge Legañoa, acusase a Estados Unidos de tratar de asfixiar a la isla y de “intento de genocidio del pueblo cubano”.

Si no llega a Cuba la energía mínima que necesita, no funcionará nada: ni su industria ni su agricultura, ni los transportes ni la sanidad ni demás servicios sociales.

Y mientras tanto, ¿qué dice de ese terrorismo de Estado nuestra virtuosa Unión Europea?

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