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Opinión | Viento fresco

Jose María de Loma

Jose María de Loma

Redactor jefe y articulista

De Málaga a Madrid en burra

Qué lejos nos queda ya la capital de España. Nos la pusieron un ratito a dos horas y cuarto de distancia y desde entonces todo a ido a peor

AVE en la estación madrileña de Chamartín.

AVE en la estación madrileña de Chamartín. / l.o.

Qué lejos nos vuelve a quedar Madrid. Nos la pusieron a dos horas y cuarto y desde entonces todo ha ido a peor. Ahora no hay trenes con la capital de España, los aviones van llenos, son caros o nos dan repelús. En coche, prepárate para invertir seis horas.

Madrid como antaño, lejano, la Meca. Ahora somos más «de provincias». U otra vez de provincias. Desconectados. Nos llega su ruido, sí. El de Madrid. Y su política y sus jaleos nacionales. Pero estamos como cuando en los ochenta los matrimonios planificaban con meses de antelación una escapada para pasar tres días en Madrid, cenar en la Gran Vía y entrar luego a una sala de fiestas a ver a Moncho Borrajo o a Esteso o Tip y Coll. Escapada que sería recordada durante años. Y siempre alguien diciendo: teníamos que haber ido al Prado.

No sé qué hará toda esa gente que iba una vez por semana a Madrid o iba y venía en el día algunos días del mes.

Habrá gente que incluso sin haber ido ninguna vez a Madrid despotrique en plan, «vamos para atrás, antes te plantabas en Madrid en dos horas y pico y ahora mira». Mira, sí. Las vías rotas, la tragedia, la inoperancia, la lentitud, la falta de inversión y mantenimiento.

Antes, tener una tía en Madrid, o un cuñado o un socio era tenerlo a mano; ahora es tenerlo incomunicado o a muchas horas. Las reservas hoteleras caen. En parte por madrileños que no pueden venir. No se sabe si están más aislados ellos o nosotros. Es como cuando Gran Bretaña quedaba incomunicada a causa de un temporal y The Times titulaba: El continente, aislado.

De Madrid al cielo pero no a Málaga ni a Sevilla. De Córdoba ya dijo Lorca «lejana y sola». Y sin AVE, más lejana aún, cabría añadir. Hay que volver a leer ‘Trenes rigurosamente vigilados’, de Habral. A ver si se nos pega algo o alguien vigila algo. No poder ir a Madrid es una cuestión capital. Un fastidio, un tedio, un perjuicio económico. Parecemos periferia. De vía estrecha.

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