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Opinión | Málaga solidaria

Alejandro Zea Roldán

Alejandro Zea Roldán

Psicólogo Sanitario

La profundidad como acto de resistencia

Café Psicólogo en Málaga.

Café Psicólogo en Málaga. / La Opinión

Vivimos en la era de la rapidez. Consumimos información a golpe de scroll, opinamos antes de pensar y compartimos emociones resumidas en una frase ingeniosa o una imagen bien editada. Todo va deprisa. Incluso lo que sentimos. O eso creemos. Porque, en realidad, cuanto más rápido vivimos, más nos alejamos de lo que de verdad importa.

Hablamos mucho de salud mental, pero pocas veces nos detenemos a escucharla. Confundimos mostrarnos con conectar, hablar con profundizar y bienestar con aparentar que todo va bien. El resultado es una sensación cada vez más extendida de cansancio emocional, de desconexión y de soledad compartida. Personas rodeadas de gente que, aun así, sienten que no tienen con quién hablar de verdad.

No es que estemos rotos. Es que estamos desconectados. Desconectados de las preguntas importantes, de nuestra esencia y, sobre todo, de los demás. Vivir en la superficie puede parecer cómodo, pero tiene un precio alto: ansiedad, vacío, dificultad para vincularnos y una sensación constante de ir tarde o no estar a la altura de algo que no sabemos muy bien qué es.

Frente a este contexto, recuperar la profundidad se convierte casi en un acto de resistencia. Parar. Escuchar sin interrumpir. Atreverse a formular preguntas que nunca han salido por nuestra boca y que posiblemente no tenga respuesta de forma rápida. Volver a hablar de lo esencial sin necesidad de impresionar a nadie. Espacios donde no hay que ser fuerte, ni brillante, ni productivo. Solo estar.

Ahí es donde surgen iniciativas como el Café Psicológico Málaga. Un lugar que nace de esta necesidad social de conectar con lo importante, un lugar sencillo, pero profundamente transformador, donde personas muy distintas se sientan alrededor de un café para hablar de lo que normalmente se queda fuera de las conversaciones cotidianas: el miedo, la soledad, el sentido de la vida, el fracaso o la necesidad de pertenecer. Sin dar consejos. Sin recetas. Con escucha y respeto.

Esta iniciativa, que pusimos en marcha con vocación, pero sin tener clara su viabilidad y recorrido, ha contado desde su nacimiento con el apoyo de diferentes entidades y organismos de la ciudad para facilitar su desarrollo. El último ha sido el Área de Participación Ciudadana del Ayuntamiento de Málaga, que a través de la coordinación y colaboración de la Asociación Arrabal-AID, ha hecho posible el desarrollo de sesiones en el último trimestre de 2025 enmarcado en el proyecto ‘EnCAPsulando ideas’, dedicado a crear comunidades vivas y de interés social, y que ha conseguido llegar a casi 300 jóvenes en estos meses.

Lo que ocurre en estos espacios no es espectacular ni inmediato. No hay grandes titulares ni soluciones mágicas. Pero sí algo más importante: un antes y un después en la forma de mirarnos y de vivir. Porque cuando una persona descubre que no es la única que siente lo que siente, algo se recoloca por dentro. Y cuando eso ocurre a muchas personas, una ciudad empieza a cambiar.

Quizá no podamos transformar el mundo de golpe. Pero sí podemos empezar por volver a lo esencial. Por crear lugares donde la profundidad tenga sitio y donde la implicación de la población sea el motor del cambio. Tal vez ahí, en lo pequeño y compartido, esté el verdadero cuidado de nuestra salud mental.

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