Opinión | 360 grados
El ideólogo fascista de Donald Trump
Stephen Miller, asesor de Trump, impulsa la expulsión de inmigrantes, una misión que contrasta con su origen judío y que ha generado rechazo en su propia familia

El asesor de Trump Stephen Miller / Chris Kleponis (EFE)
Descendiente él mismo de judíos rusos emigrados a EEUU en 1903, Stephen Millen, el más poderoso individuo no electo de la Casa Blanca, se ha fijado como principal misión limpiar a Estados Unidos de los que llama “invasores ilegales”.
“¿Cómo vamos a poder echar a esos invasores ilegales que violan a niñas, que asesinan a niñas si cada orden de expulsión tiene que confirmarla un juez federal?”, se pregunta.
Y cuando se le replica que en EEUU, que se sepa, hay división de opiniones, acusa a los jueces de inmiscuirse en el poder ejecutivo.
Miller creció en el seno de una familia judía en la localidad californiana de Santa Mónica, donde sus padres, votantes demócratas, tenían una empresa inmobiliaria que entró en dificultades por culpa de una disputa legal y hubieron de mudarse a una casa más pequeña.
En un vídeo de 2003 durante la guerra ilegal de Estados Unidos contra Irak, Miller, que tenía entonces diecisiete años, les dijo a otros muchachos que viajaban en el mismo autobús que a los iraquíes no había que matarlos, sino amputarles los dedos para que sufriesen más.
Según el historiador John Ganz (1), en Miller se combinan dos tradiciones estadounidenses, las de los halcones neoconservadores para quienes Estados Unidos debe afianzarse en su papel de “hegemón” y los “paleoconservadores” aislacionistas que en la inmigración un peligro civilizatorio.
Miller es un halcón islamófobo a la vez que un defensor de la dominación de la clase blanca, con lo que, según Ganz, “une lo peor de los dos mundos”
Tras acabar sus estudios de política en la universidad privada de Duke, Carolina del Norte, se trasladó a la capital, Washington D.C., donde empezó a trabajar como consejero de prensa para el senador republicano y también decidido racista Jeff Sessions, más tarde fiscal general en el primer mandato de Donald Trump-
Como parte del equipo de campaña de la primera presidencia de Trump, Miller se dedicó a escribir sus discursos, siempre insultantes para los mexicanos y los inmigrantes en general, muy a tono, esto es, con el racismo blanco de su jefe.
A Miller se debe la idea de prohibir la entrada en Estados Unidos de ciudadanos de los países islámicos, que revocarían más tarde los jueces.
Y también fue él quien propuso separar en la frontera a los hijos pequeños de inmigrantes de sus padres. La crueldad de ese judío islamófobo y sionista es increíble.
Y al igual que la sobrina de Donald Trump calificó a su tío de “psicópata” y “depravado”, un tío de Miller, llamado David S. Glosser y neuropsicólogo de profesión, dijo sentir “horror” por la política de su sobrino.
Tras la derrota de Trump en 2020, que el republicano nunca reconoció, Miller le siguió siendo fiel y trabajaría para su reelección cuatro años después.
Y ahora ve finalmente cumplido su sueño de expulsión de los inmigrantes, tarea para la que el Gobierno de Trump ha contratado los servicios de la empresa de cibervigilancia Palantir, que fundó un individuo de ideas también peligrosas como Peter Thiel.
Miller ha sabido en todo momento alentar los peores impulsos de Trump y no sólo en lo política interior sino también en la exterior, y así a raíz del secuestro del presidente venezolano, Nicolás Maduro, declaró a la CNN que no había que preocuparse de “lindezas” como el derecho internacional porque “vivimos en el mundo real”, es decir en el de la ley de la selva.
“Somos una superpotencia y con Trump nos comportaremos como tal”, respondió Miller desafiante a quienes se permitieron dudar de la legalidad de la agresión no provocada a Venezuela para quedarse con su petróleo.
(1) Citado por el semanario Der Spiegel.
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