Opinión | Viento fresco

Redactor jefe y articulista
Rufián, los perplejos y los azcones
Rufián se ofrece para liderar la izquierda nacional. Amenaza con una gira, como las folclóricas

Jorge Azcón y María Guardiola en un acto del PP. / ep
Ahí anda Gabriel Rufián el hombre, preocupado por el futuro de la izquierda, y el suyo, y el avance de la ultraderecha. El político catalán ha iniciado el viaje que va de infante medio terrible del independentismo a caudillo de la izquierda aglutinada y patria, española y herida. Ayer lunes puso un tuit incitando a la unión dejando a un lado fronteras y patrias. A buena hora. El jefe de IU, Antonio Maíllo, ha descalificado la iniciativa de Rufián y ha dicho que no hay que hablar desde arriba, de personas, si no desde abajo. No sabemos si se refiere a ese abajo en el que está la izquierda.
A la izquierda le hace falta un partido fuerte y nacional pero Sumar está roto, IU carbura solo en algunos territorios y allá donde hay opciones fuertes, como en Aragón con la Chunta Aragonesista, no pueden pretender que esas opciones, esas siglas, se vean obligadas a disolverse en una opción nacional. Rufián va a iniciar una gira por provincias como han hecho toda la vida las folclóricas, los toreros y los cantantes. Emilio Delgado, líder emergente de la izquierda madrileña y tertuliano al alza, sí vería bien verse y hablar con Rufián. Si lo que pretenden es activar el miedo a la ultraderecha, van tarde, y además esa bandera es de Sánchez, que la tiene fatigada de tanto ondearla. El ciudadano común, que es ya un ciudadano perplejo, ve con naturalidad que la manera de impedir que Vox toque pelo es que el PSOE se abstenga en la investidura de Azcón, de los azcones, que son una nueva raza política de la que también forman parte María Guardiola y seguramente Pérez Mañueco. Pero eso no pasará porque la otra bandera de Sánchez es el no es no, que lo llevó al poder.
A Rufián le falta salir dos veces más en lo de Évole, echar un piropo a sus primos de Almería y acordarse de que la izquierda es universalista y no nacionalista para iniciar esa gira en la que en según qué sitios pueden recibirlo como Judas, como mesías, como envidado de Marx en la tierra o como nuevo líder de las izquierdas.
No sabemos qué opinará Junqueras de todo esto. A Rufián le hace falta unas siglas. Las que tiene ahora, ERC, no le sirven para su nueva aventura. A no ser que le elimine la C, de Cataluña, y la cosa se quede en Esquerra Republicana, algo así como le pasó a la Liga Norte en Italia, que de opción indepe pasó a ser un partido nacional, La liga, a secas. Rufián no tiene bastante con parar a los ultras de Alianza Catalana, quiere parar a los de toda España. Ignoramos si estamos a un cuarto de hora del nacimiento de un Frente Popular o si van a ser los populares los que se van a camelar a los de Abascal y vamos a ser todos gobernados por ellos.
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