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Opinión | Viento fresco

Jose María de Loma

Jose María de Loma

Redactor jefe y articulista

María Jesús Montero, recalculando su llegada

Los ministros de Sánchez van desfilando con más o menos entusiasmo hacia el desfiladero de las autonómicas

María Jesús Montero y Pedro Sánchez, hace unos días en Jaén.

María Jesús Montero y Pedro Sánchez, hace unos días en Jaén. / agencias

Anda el PSOE midiendo cuándo es el mejor momento para que María Jesús Montero abandone el Gobierno y se centre en la precampaña y campaña andaluza. Tenemos diferentes escuelas de pensamiento a este respecto: unos dicen que cuanto más tiempo esté en el Gobierno más se notará su ineficiencia. Otros opinan que cuanto más permanezca en el Ejecutivo más foco, notoriedad y votos puede acumular.

Parece que Pilar Alegría se fue demasiado pronto para Aragón, que le ha faltado campaña. Qué optimistas. A lo mejor con más campaña se hunde aún más. Todo depende de cuándo convoque las elecciones Juanma Moreno. De entre las atribuciones que más gustito dan a un presidente está el que sea él y solo él el que decida y convoque. Esto no quita para que esté oyendo opiniones de todo tipo, a favor y en contra de adelantar, que le estén poniendo la cabeza más que como un bombo, como una urna.

Salvador Illa apuró en el Ministerio de Sanidad al máximo hasta irse para Cataluña. Parece que Montero también quiere eso. Yo también me resistiría a abandonar coche oficial en los madriles, foco, vivienda, poder y asiento en el Consejo de Ministros para lanzarme a una incierta aventura en el sur, que parece el título de una película de misterio o de un telefilm de sobremesa, de esos en los que una recién llegada a un idílico paraje encuentra una nueva vida.

Los ministros de Sánchez van desfilando uno a uno hacia las autonomías. En cada elección, una frustración, un gatillazo del PP, que no logra la absoluta; un subidón de Vox, que exige y estrangula al PP y un hundimiento del PSOE. El presidente del Gobierno debe suponer que cuando Vox esté a tope y el PP frustrado, con el electorado ya muy desahogadete de dar leches a los socialistas y con la izquierda destruida, él puede convocar una suerte de plebiscito. En este punto, y pese a las informaciones y conversaciones recabadas por este cronista, se impone citar al gran Raphael: «Qué sabe nadie».

María Jesús Montero hace cuentas y también se las hacen, procura prodigarse por Andalucía pero se encuentra con que el escándalo de los cribados pasó y la gestión de las emergencias por parte de la Junta ha sido eficaz y así lo ha reconocido hasta Óscar Puente. Su aterrizaje en el ecosistema político andaluz, hipotenso, puede ser como de elefante en congreso de vidrio o suave al estilo de avión comercial en rutinario vuelo.

Vamos a ver qué pasa en Castilla y León el 15 de marzo. Nos van a vender otra película pero los guionistas son los mismos.

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