Opinión | Pasando la cadena
Velando armas con esperanza
A veces, para ordenar cualquier desaguisado basta la lógica. Otras, la constancia. Y las más, la voluntad de cambiar realmente. Cambiar para ser mejores cumpliendo responsabilidades.
Y eso debieron pensar los jugadores del Real Madrid el sábado, con su técnico al frente, ante la estupenda Real Sociedad de Matarazzo. Un estadounidense con raíces italianas de poca trayectoria como jugador y espléndida carrera por delante como técnico si continúa asentando a los donostiarras en la élite del fútbol español.
Arbeloa dispuso en principio un equipo tan sorprendente como lógico obligado por las circunstancias. Con Asencio reservado y Mbappé tocado, pero en el banquillo, más Bellingham, Militao y Rodrygo en la enfermería, el salmantino sacó cuanto tenía. Eso sí, sin inventos. Todos en su sitio. Y el fútbol fluyó con toda la lógica de la diferencia de calidad en las áreas. Porque el medio campo volvió a ser la cruz blanca en cuanto a creación. Ante una Real valiente, queriendo dominar, el Real enchufó cuatro a la contra, que pudieron ser dos o tres más, y los realistas solo tuvieron una ocasión en todo el encuentro, aparte del gol, aunque no se pueda decir que hicieran mal partido. Y para entretener más al personal, hubo un penalti claro para cada equipo, y un penaltito, su segundo, a favor de los merengues.
Y al final, sin dramas por la derrota ni alharacas por el momentáneo liderazgo, todos esperanzados con su futuro inmediato. Los madridistas a Lisboa para empezar a jugarse Europa con el Benfica. Y los donostiarras a afinar su orfeón para finiquitar en casa frente al Athletic su pase a la final de Copa en Sevilla que ya iniciaron en Bilbao. Enrachados lo afrontan los de Arbeloa tras el serial de victorias consecutivas en liga, y lo mismo los de Matarazzo tras un mes y medio con el solo borrón de la goleada sufrida en el Bernabéu, más escandalosa que humillante porque su desempeño no fue el reflejado en el marcador.
El Atlético de Madrid, por su parte, dio un recital de fútbol ante el Barça el jueves pasado en el Metropolitano. Y de goles, con cuatro a cero a favor, que pudieron ser algunos más, aunque también pudieron encajar un par de ellos.
Los de Simeone salieron a morder desde el principio y moldearon una primera parte insuperable. Medio tiempo para la historia por juego y goles, hasta el punto de ser los mejores cuarenta y cinco minutos desde que inauguraron su nuevo estadio. Y en ese recital brillaron los magisterios de Koke y Griezmann con un Llorente mayúsculo y dos flechas en las bandas. Giuliano y Lookman desarbolaron a los de Flick y hasta propiciaron el renacer de un Julián Álvarez que andaba demasiado tiempo en horas bajas.
Y esa goleada propicia a los colchoneros la ilusión copera e incluso la europea. Jugando así demostraron que tienen argumentos para ganar la Copa del Rey y para no renunciar a nada en Champions. Otra cosa es que mantengan el nivel que mostraron el sábado, del que ya dieron cuenta en su goleada copera al Betis en Sevilla, porque luego ante el mismo equipo de Pellegrini dieron la de arena en liga.
La falta de regularidad explica su escaso relieve liguero de este año. Simeone está mostrando solo a ratos lo bueno que puede llegar a ser su equipo con la plantilla que han puesto esta temporada en sus manos, sumando los refuerzos invernales de Mateu Alemany. Por eso, cabe la esperanza de que los torneos a corto como son la Copa y la Champions puedan dar la medida de lo que este Atleti es capaz de hacer en plenitud.
Y llegamos al Barça. Líderes en liga, pero con el vaho permanente en la nuca de un Madrid que a este ritmo de victorias puede complicarles el triunfo final a poco que se descuiden en cualquier campo o que no logren imponerse a los merengues en el partido liguero que les resta en casa.
Y para tal fin, los culés deben dejar de ser unas madres en defensa y recuperar la seguridad atrás, porque en demasiados partidos parecen un queso gruyere en el área propia. Y dando esas ventajas, corren demasiados riesgos también en Champions.
Así las cosas, los de Arbeloa deben confirmar en Lisboa que van en serio, los culés en Gerona que no le tiemblan las piernas y los atléticos, en adelante, que no son mentirosos.
Vela de armas para hombres.
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