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Opinión | 360 grados

¿Se ha perdido la facultad de pensar?

La OTAN despliega batallones en las repúblicas bálticas, mientras se cuestionan las afirmaciones sobre la supuesta preparación rusa para una escalada, ante la retórica belicista europea

La OTAN ha estacionado un par de batallones en las repúblicas bálticas

La OTAN ha estacionado un par de batallones en las repúblicas bálticas / dpa

La OTAN ha estacionado un par de batallones en las repúblicas bálticas, justo allí por donde discurre la frontera con Rusia.

Mientras tanto, el inspector general de la Bundeswehr (FF.AA. alemanas), Carsten Breuer, y el jefe del Estado Mayor británico, Richard Knighton, nos advierten de que Rusia se prepara para una escalada en su frontera occidental.

Pero ¿todavía nos sorprende que, ante la retórica belicista que sale todos los días de las capitales europeas, donde solo se habla de rearmarse frente a Rusia, reaccione Moscú de esa manera?

El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, comentó en tono burlón en la reciente Conferencia de Seguridad de Múnich que Rusia avanza en el Donbás ucraniano a la velocidad de un caracol.

Pero antes, el mismo Rutte había dicho que el próximo objetivo de Vladimir Putin era Europa.

¿En qué quedamos? ¿El ejército ruso es un tigre de papel, incapaz de conquistar más territorio ucraniano que el que ya ocupa, o va a invadir mañana todo el continente?

También en Múnich, la ministra británica de Asuntos Exteriores, Yvette Cooper, soltó una bomba: según los servicios secretos occidentales, Rusia había envenado al opositor Alexei Navalni con la toxina de una rana dardo de Suramérica.

“Rusia tenía los medios, un motivo y la oportunidad de llevar eso a cabo”, afirmó la ministra. E inmediatamente, toda la prensa británica y la mundial se hicieron eco en sus titulares de la noticia.

Pero ¿se preguntó acaso alguien cómo es que el Gobierno británico había llegado a tal conclusión? ¿Cómo pudieron llegar a Occidente muestras de algún tejido del cuerpo de Navalni desde su prisión en el círculo polar ártico?

Y en el caso de que hubieran llegado esas muestras a algún laboratorio occidental, ¿quién podría garantizar que no hubiesen sido manipuladas por los servicios secretos?

No tengo por supuesto información que me permita sacar una conclusión en uno u otro sentido, pero soy más bien escéptico en vista de las continuas contradicciones que observo en relación con la guerra de Ucrania y la condena general a Rusia.

Y me pregunto sobre todo si se ha perdido la facultad de pensar, de establecer las oportunas conexiones entre lo que dicen los políticos y lo que sucede en realidad.

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