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Opinión | El jugador número 13

Primera oportunidad

No dar como favorito al Real Madrid es tirar de cajismo acérrimo, aunque seguro que ninguno de los cuatro cabezas de serie quería a los de Ibon Navarro el día del sorteo

Los jugadores del Unicaja celebran una victoria en el Palacio Martín Carpena

Los jugadores del Unicaja celebran una victoria en el Palacio Martín Carpena / ACBPHoto | Mariano Pozo

Este jueves toca repetir el enfrentamiento del pasado domingo frente al Real Madrid. No va a ser nada parecido. Serán los mismos equipos, con la gran mayoría de protagonistas enfrentándose nuevamente, pero con un talante, con unos planteamientos y, sobre todo, con unas consecuencias muy diferentes.

Lo del fin de semana fue un compromiso incómodo para ambos equipos, con la creencia en ambos banquillos que merecía más la pena no mostrarlo todo por la mayor importancia del compromiso del Roig Arena. Que se quedaran fuera jugadores por gestión de cargas (o sea, porque dice el preparador físico que toca) o por los que están con molestias, o levemente tocados en ambos equipos, deja claro que lo que importaba estaba en otra página de la agenda.

Todo ello, teniendo claro que el del domingo fue un partido bonito de ver, con momentos muy buenos de juego del equipo de Ibon Navarro, y que es más para dejar sensaciones puntuales que para sacar conclusiones definitivas, algo que aún sigue buscando el Unicaja de esta temporada.

Porque aún se está buscando la regularidad que permita saber qué va a ofrecer el equipo de Málaga, entre entradas y salidas, lesiones, novedades a mitad de curso, adaptaciones a diferentes velocidades y polivalencias forzadas, la fiabilidad está aún por llegar.

Y la verdad es que talento del rival aparte, hubo muchas situaciones de esas que nos muestran en el tenis y nos hablan de «errores no forzados». Aparte de las pérdidas que el equipo prácticamente regaló en el segundo tiempo, gran número de ellas sin heroicidades por parte del rival, o un porcentaje de tiros libres horrendo (menos del 54%), empeorando aún más el mal registro del equipo en Liga ACB, donde es el tercer peor conjunto en acierto, por debajo del 72%.

Sobre este pobre porcentaje de acierto en algo que termina siendo tan decisivo en algunos partidos, habitualmente se culpa al tema mental, aunque se nos dice que si las cargas físicas y tal... Al final, resulta que o eres tremendamente bueno en otros aspectos (como le ocurre por ejemplo al Valencia Básket) o termina condenándote, mucho más frente a un rival que va a ser difícil que no haga de todo por el partido. Lo peor de todo es que el Unicaja de ahora suele perseverar en este error.

Si a todo esto le ponemos que eso de cerrar partidos está por concretarse, que aún sigue haciendo falta mucho trabajo, y que la suerte en el sorteo no fue la más benévola, ese bucle que se hace infinito detrás de la solidez y la personalidad que aún no se ha resuelto, hace que la llegada a este torneo tenga la sensación de tener que dar la sorpresa.

Aunque el Unicaja de ahora siga manteniendo esa constante vital de un presupuesto siempre entre la zona noble, detrás de los equipos de Euroliga, y con la historia reciente en la que se ha adquirido la «mala» costumbre de ganar títulos con una frecuencia fuera de toda lógica e historia del club, no dar como favorito para el partido del jueves al Real Madrid es tirar de cajismo acérrimo, aunque seguro que los cuatro cabezas de serie no tenían entre sus rivales preferidos el día del sorteo a los que entrena Ibon Navarro.

Poner como objetivo la clasificación del Unicaja para la Copa del Rey para mí no era correcto, era un mínimo exigible. A pesar de los sopapos que nos hemos llevado en la época oscura que hubo que sufrir por aquí, celebrar meterse entre los ocho mejores al final de la primera vuelta es más una obligación que algo para enorgullecerse, aunque haya casos como el del Baskonia que ha estado fuera en muchas ocasiones. Es más, como objetivo a cumplir sería jugar semifinales del torneo, eso de «meterle un susto» a alguno de los de arriba estaba mucho más en lo que se esperaba. Todo ello, sin dejar de lado que en Málaga pasamos del Tívoli al infierno más insoportable en segundos, por los motivos que sea.

Pero hablamos de la Copa del Rey, de estados de forma, de situaciones puntuales, de un rato malo de competición que te condena el torneo o de lesiones que condicionan tanto a los equipos. Aunque simplemente con acordarnos de Badalona en 2023 es para venirse arriba con todas las de la ley.

Ahora, ¿qué se hace?, ¿deprimirnos por los que no van a llegar a tope?, ¿renegar del sorteo?, ¿exigir dimisiones si no se juega y se gana la final? Pues no a todo, creo que hay que ir a jugar, con los condicionantes que ponga el contrario, el ambiente, los problemas físicos, hasta con lo que no te regalen los árbitros. Pero salir a hacer honor a la camiseta que se lleva y, sobre todo, a reivindicarse, porque todo el bagaje de este grupo merece que se pueda pelear por todo, por complicado que pinte. Disfrutemos.

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