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Opinión | Para empezar

La cultura del agua

La escasez de agua en la cuenca sur de España, con cortes de suministro en verano, ha enseñado a sus habitantes la importancia de preservar este recurso esencial, especialmente ante la sequía actual

Pantano seco

Pantano seco / EPC

Los que hemos nacido en la cuenca sur de España sabemos desde pequeños qué es la sequía y la importancia de un bien tan preciado como el agua. Hemos vivido desde niños los cortes de suministro en verano. Recuerdo cómo mi madre llenaba un tercio de la bañera, menos mal que entonces no se estilaban los platos de ducha, y utilizábamos esa agua para el inodoro o para asearnos. La interrupción casi siempre era por la noche y los cortes duraban horas. Así aprendimos que no se puede derrochar lo que escasea y a mantener el grifo cerrado. Entonces no comprábamos agua embotellada. Íbamos a la Fuente de la Yedra, a medio camino entre Antequera y Málaga, y llenábamos garrafas con el agua que bajaba de la montaña, aprovechando alguna visita al pueblo. Bajaba fría como el hielo y su sabor nada tenía que ver con el que salía del grifo en la ciudad, con ese gusto metálico.

También resulta llamativo que donde antes se cultivaban olivos y caña de azúcar, gracias a un clima más húmedo, ahora se hayan extendido los campos de mangos y aguacates, que requieren un suministro constante de agua. Una gran idea, sin duda, para el beneficio de sus explotadores, pero no para el futuro de nuestros hijos.

Pese a las lluvias que ahora nos inundan, la sequía es un fantasma que nos persigue. Hemos construido por encima de las posibilidades de nuestros maltrechos acuíferos y vivimos del turismo, con un visitante al que el agua le sobra. Llegar a Ibiza y contemplar todo su verdor puede resultar engañoso. Esa imagen de vergel oculta una realidad que ya asoma en sus bosques de pinos muertos de sed.

Las piscinas que se llenan cada verano en Ibiza son cada vez más numerosas. Chalets pareados, villas de lujo o nuevas urbanizaciones a cinco minutos de la playa se levantan con su correspondiente piscina, mientras sus promotores presumen de edificaciones sostenibles. Cada gota cuenta, igual que cada acción, si de verdad queremos dejar de expoliar recursos en lugar de seguir llenándonos los bolsillos.

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