Opinión | Notas de domingo

Redactor jefe y articulista
Costumbres palomiteras
Sesión de cine de cara a participar en una porra sobre los Goya. También, zascandileos diversos y fachalecos a prueba

La película está protagonizada por Alberto San Juan y Mario Casas / L.O.
Lunes. Veo La cena, con Alberto Sanjuán en estado de gracia interpretando a un atildado encargado del hotel Palace unas semanas después de acabada la Guerra Civil. Y Mario Casas, que hace un trabajo estupendo también. La cosa es que Franco va a cenar con sus generales pero todos los cocineros buenos de Madrid «son rojos y están en la cárcel». Comedia contenida sobre un drama, excelente película donde también destacan Elvira Mínguez, Asier Etxeandía y Resines, en un papelito corto pero impactante. Otra película más sobre la Guerra Civil, sí. Y las que quedan. Hay gente a la que le cargan las películas de la Guerra Civil y a mí me carga la gente a la que le cargan las películas de la Guerra Civil, que es nuestro Western. Con este film dirigido por Gómez Pereira, firmante hace años de algunos de los éxitos más taquilleros, cierra uno el ciclo casero que nos hemos montado con las películas candidatas a los Goya. Queda pendiente Sirat, que se me hizo bola a los veinte minutos. El jefe de Cultura de este periódico, Víctor Gómez, crítico implacable, me insiste sin embargo en que la termine. No me gustó El cautivo, de Amenábar, salvo Rellán; y me resultaron interesantes Maspalomas y Romería. Me conmovió Manolo Solo en Una quinta portuguesa, aunque ahora que me releo, conmover quizás me resulte un verbo cursi, facilón. Vi en el cine Tardes de soledad, que milagrosamente gusta a taurinos y antitaurinos y me falta, claro, Los domingos. Y otras. Animo desde aquí a organizar una porra en casa para la noche de los Goya. Una porra palomitera. Bueno y con gildas y un buen vino. El cine hay que verlo en el cine pero qué grande es el cine en pantuflas sin soportar a gente que mastica a voces, pega gritos, se quita los zapatos, aplaude cuando alguien se besa o intenta meterle mano a la cita de Tinder desconociendo la existencia tal vez de asequibles hotelitos.
Martes. Escribo una columna sobre los denominados fachalecos, que ya no me resultan tan fachas y que se están volviendo transversales. Son prácticos. La columna me queda un poco enjuta, como desabrigada o sin mangas, o sea, sin meandros ni digresiones. Como si la hubieran podado o la hubiera redactado la Inteligencia Artificial. Ya si no hablas de la Inteligencia Artificial parece que estás fuera de onda, fuera del mundo. Escucho en un podcast que de aquí a cuatro años, cuatro, la mitad de los trabajos de ‘cuello blando’ pueden haber desaparecido. La IA ya no amenaza (amenazar tal vez no sea el concepto) a los que hacen trabajos rutinarios y repetitivos; puede hacer también tareas creativas y además los frutos, trabajos, decisiones que da son cada vez más indetectables. En grandes compañías tecnológicas están despidiendo a ingenieros que han hecho funcionar la IA. Como ha aprendido de ellos, ahora ella realiza su trabajo. Cualquier opinión sobre la IA puede convertirte en un apocalíptico o en un integrado. Como dicotomía prefiero mejor la de carne o pescado. Ceno alcachofas.
Miércoles. Viajo a Alhaurín de la Torre y voy atravesando decenas y decenas de calles impersonales llenas de viviendas unifamiliares. Imagino vidas. El ratito que imaginas vidas no vives la tuya, lo cual es bueno como ejercicio de abstracción pero supone el peligro cierto de que te saltes un semáforo. Las periferias residenciales, suburbios, en el concepto no peyorativo, han sido también muy literarias. Me acuerdo de La España de las piscinas, un ensayo de Jorge Dioni López. Y El nadador, de Cheever, claro.
Jueves. Basta que no se pueda ir a Madrid (cómodamente en AVE sin parte del trayecto en bus echando cinco horas y pico) para que se me antoje. Se vive mejor sabiendo que ciertas posibilidades se tienen a mano aunque no se usen. Es como cuando uno piensa que está muy bien vivir en una ciudad con muchos teatros a pleno rendimiento, con muchas obras en cartelera, pero no va al teatro nunca.
Viernes. En un catálogo de ‘infiernos para un indeciso’ ocuparía lugar destacado un concesionario.
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