Opinión | La señal
Qué hay debajo de la alfombra

Archivo - Ilustración del software espía Pegasus / Europa Press/Contacto/Andre M. Chang - Archivo
Las revelaciones periodísticas acerca de cómo se jaqueó con Pegasus y por Marruecos el móvil del presidente Sánchez y del grande Marlasca en Ceuta -cuando el «tsunami» humano transfronterizo- en mayo de 2021, debería habernos obligado a reflexionar si el vecino es amigo o enemigo. En realidad, Ifni, Sahara, Perejil y tantas otras muestras de cariño alauitas lo dicen todo. Peor es que nos engañe nuestro Gobierno y no haya desvelado la información de la intrusión hasta un año después, y acepte temblando la autonomía jerifiana del Sahara. Debajo de todo esto, y de mucho más, hay secretos inconfesables, y solo sabemos lo que está bajo la puntita de una sola de las esquinas de la alfombra. Lo que está claro es que la pareja socialista se puso a tiro de la Inteligencia marroquí, provista de sistemas IMSI-Catcher (captador de identidad de suscriptor móvil internacional) y StingRay.
No solo Marruecos, EEUU e Israel también nos miran con ojos de poco amigos… Pero los fariseos no hablan de estas cosas, son más de salón.
Por supuesto, en este trance, como en todos, estamos solos, ningún aliento de la UE. La Unión está despertando, pero hace falta que se levante de la cama. Mientras, la Fiscalía Europea mantiene abierta una investigación por posibles irregularidades en la venta de 23 inmuebles de la Comisión Europea al Estado belga en 2024, después de los registros policiales practicados en Bruselas. La UE, en aras de la transparencia, ha optado por no ofrecer precisiones sobre las pesquisas. En fin, estos son los que nos gobiernan más allá de los Pirineos, soberanía nacional se llama.
Ya en Madrid, el Ministerio de Justicia explica cómo borrar los antecedentes penales y sexuales para pedir la nacionalidad española, y es que hace falta pedagogía, siempre se ha dicho. Bueno, en los Madriles dimite el dos de la Policía, inseparable del ministro, por otro escándalo (prusunto, of course) sexual.
En Andalucía son otras las jugarretas. Trabajadores que querían prosperar y pidieron incluso préstamos para comprarse un coche eléctrico y conseguir una licencia de VTC, han visto sus proyectos en un pozo. La Junta, Fomento, cambió las reglas del juego cuando ya cumplían los requisitos para las licencias, y sus solicitudes han sido rechazadas. El lobby del taxi vigila y la Junta le tiene miedo, la derechita es cobarde, ya se sabe. Pero Juanma es un gran presidente, eso sí.
Sin salir de la región, para que no digan, siguen los escándalos de acoso sexual en el bajo vientre del PSOE, ahora en La Algaba (Sevilla) con su queridísimo alcalde –y secretario local del partido, que tiene dos culos para sentarse en dos sillones– de protagonista, Diego Manuel Agüera. Denunciado por, siempre presuntamente, acosar sexualmente a un menor del municipio, un joven alumno de la Escuela Municipal de Tauromaquia, al que estuvo meses mandando mensajitos a través de las redes. Bueno, por Sevilla también se pasea Paco Salazar, después de dejar el pisito (peli de Marco Ferreri e Isidoro Martínez, 1958) alquilado de Moncloa.
Bajamos más y refulge Antonio Navarro, secretario local socialista de Torremolinos, denunciado por una concejala por lo mismo. Pero seguimos en la provincia porque una menor le pide a su padre que la recoja, que su madre está borracha. La mujer acaba detenida por abofetear al hombre al llegar a Málaga. Y en Benalmádena, posible caso de bullying que termina en el suicidio de una menor. Otro gol en la portería de un instituto, y no conozco muchos casos con responsabilidades civiles y penales de quienes miraban para otra parte, porque estaban distraídos o porque no querían mirar. Hay que leer a Carol Tavris y a Elliot Aronson, psicólogo de la Universidad de Harvard, autores de ‘Se han cometido errores… pero yo no fui’, que analiza el mecanismo psicológico de la autojustificación y la autoestima.
También por estos lares se derrumba el mito del farero, sí, el de la Desbandá, del faro de Torre del Mar, que resulta que era automático, como han expuesto los historiadores José María Azuaga y Manuel Lloret, quienes afirman que Anselmo Vilar no era el farero. Y es que este mundo, y sus supuestas certezas, se derrumba mientras emerge uno nuevo que solo asoma y ruge. Luis Cernuda hablaba de una noche…
Acaso los amantes acuchillan estrellas,
acaso la aventura apague una tristeza.
Mas tú, noche, impulsada por deseos
hasta la palidez del agua,
aguardas siempre en pie quién sabe a cuáles ruiseñores.
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