Opinión | En corto
Síndrome generacional
Pertenezco a una generación que en sus días altos aspiraba a cambiar el mundo. Hubo ardientes revoluciones que dejaron un visible rastro de conquistas, aunque (por ventura) no alcanzaran las metas más quiméricas. Después el mundo empezó a virar, dejando en tierra a los que querían cambiarlo, pero haber bailado alrededor de aquellas hogueras dejó en todos un brillo de importancia en los ojos y un extraño cansancio en el cuerpo, el de haber sentido un día lo que Pablo Neruda llamó «el peso del universo». Luego los supervivientes, ya en la 3ª o la 4ª edad, sintieron que el remanente de la vieja responsabilidad con la causa de la humanidad pesaba más conforme ésta iba arrancándose del cuerpo aquellas «conquistas», dejando en ellos, sus antiguos mentores, cierta sensación de inutilidad. Para evitar el síndrome, que puede ir a más, conviene mirar con ironía el propio pasado y sus importancias.
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