Opinión | El jugador número 13
Próxima parada
Tras la decepción en la Copa del Rey, el Unicaja debe enfocarse en las competiciones restantes para recuperar sensaciones y demostrar su valía, a pesar de la dificultad inmediata

La afición del Unicaja en el Roig Arena después de perder por 30 / ACBPhoto
Cuando la semana pasada terminaba esta columna pidiendo que se saliera en Valencia a hacer honor a la camiseta y buscaba que se reivindicase este grupo mediante la pelea por todo, aunque fuera muy complicado el reto, no pensaba que veríamos una actuación del equipo de esas que dejan huellas profundas. Sobre todo en el subconsciente colectivo y que se van a sacar a bailar en más de una ocasión en el momento que la cosa no sea el paseo placentero habitual de los últimos años por ese Tívoli virtual que también mencionaba el martes pasado.
Se ha escrito de sobra alrededor de esa decepción o fracaso vivida por el equipo el jueves pasado. Y no fue por el resultado ni por la diferencia. Si con el arranque del partido tenía malas sensaciones, en el momento que vimos como Alex Len, con 25 segundos en cancha y un marcador 35-18 a favor, le dejaba claro a Olek Balcerowski aquello que pregonaba el recordaba Manel Comas: «que el tiro libre lo lance con la mano mala»... con eso bastó.
Y no hubo más allá de un lamento, ningún ánimo se alteró, no hubo una acción similar en la siguiente defensa del Unicaja, ni en ninguna otra. Los de Ibon Navarro sólo se parecían al habitual de los últimos tiempos en que llevaban una camiseta verde. Lamentablemente, la sensación que tuve fue que no reconocía al equipo y que nos lo habían robado. Y es que no hizo falta que los de Sergio Scario lo cuadraran una obra perfecta, lo que más dolió fue la orfandad vivida.
Además, creo que el entrenador se equivocó en la rueda de prensa posterior. Estaba claro que dar cualquier discurso por breve que fuera no iba a resultar inocuo, pero pese a ser un veterano ya en estas lides, no fue de sus mejores apariciones (algo natural teniendo en cuenta la dureza del golpe recibido). Hablar del desconocimiento sobre lo que ocurre dentro del vestuario lo veo demasiado gratuito. No hacía falta, tampoco sabemos qué ocurre en la cocina de un restaurante o en el quirófano de un hospital, salvo que seamos parte del grupo de trabajo. Lo que ocurre es que más allá de concretar problemas físicos o de lesiones más o menos graves en el grupo, da rienda suelta a montarse las leyendas urbanas más absurdas por parte de esa legión de guionistas de ciencia ficción de las redes sociales, que recurren al «ya lo decía yo» o a la libertad de expresión, según sople el aire de un lado u otro. Total, la responsabilidad es cero.
Tras haberse acabado la Copa del Rey sin haberse completado lo esperado, la temporada sigue para el Unicaja. Y lo que falta por disputarse son dos competiciones que son dos oportunidades de hacer las cosas bien. El tiempo que queda hasta el próximo partido del 8 de marzo en Fontajau ante el Bàsquet Girona es el que toca para recuperar sensaciones, físico, lesionados y todo lo necesario para que este equipo nos vuelva a llevar al mismo sitio que estaba hace nada de tiempo, tras sacarnos de uno de los peores momentos vividos en la historia cajista.
Y si bien ahora es complicado tener fe en este grupo, tras la desaparición del último partido, hay lugar a enderezar todo lo que se ha torcido, pero si esto se puede hacer es a base de trabajo y de creer, aun sabiendo que el éxito no es un tratamiento médico, con dosis establecidas.
Va a haber de todo. La añoranza de los que no están (que recuerdo que salvo Melvin Ejim pagaron para elegir seguir sus caminos lejos de Málaga) y también el poner en duda el trabajo de los que están en los despachos y en la cancha. Resumiendo, la desilusión por el paso del tiempo y la rutina que nos hace pensar que se ha tocado techo.
La historia cajista nos deja bien claro lo poco habitual de los galardones en este club. Y lo peor es que algunos piensan que esto es muy fácil, pero hay otros equipos con 1 Liga ACB, 1 Copa del Rey, 2 Supercopas y 4 títulos europeos fuera de la Euroliga en su palmarés, que son la envidia de todo el mundo, dando la razón a eso tan malagueño y que nos dice que lo de fuera siempre es lo mejor.
Creo que lo peor de todo es la incertidumbre, las elucubraciones de algunos sobre si hay que fusilar a medio club. La rumorología sin fundamento alguno desde perfiles de redes sociales con nombres irreales de cosas inventadas
Lo que nos debe importar es confiar en el trabajo del equipo que hay, tanto cerca como lejos del parquet. Tener seguro que se va a poner todo lo que haya para dejar lo de Valencia en un momento oscuro de la historia reciente y, a pesar de lo complicado que viene de manera inmediata, que no haya un contrario que piense que ese desastre en verde que salió a jugar al Roig Arena el 19 de febrero es el equipo de Málaga.
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