Opinión | 28F
El círculo virtuoso de Andalucía
Andalucía ha demostrado, una vez más, su capacidad de respuesta ante las catástrofes, mostrando profesionalidad, cercanía a las víctimas y una sociedad madura y comprometida con el interés común

Vecinos de Grazalema realojados en el pabellón El Fuerte de Ronda / L.O.
Reflexionaba un amigo de fuera sobre cómo Andalucía a ojos del resto de los españoles ha dado un ejemplo – una vez más – en las últimas semanas con su reacción frente a las catástrofes que han convertido este inicio de año en una sucesión de tragedias.
Llama la atención que una manera de actuar profesionalizada, sensata, centrada en lo importante y cercana siempre al sentir de las víctimas y las personas afectadas sea algo destacable.
Por eso, al tratar de explicar que, en realidad, es algo normal y habitual en una tierra empática, solidaria y sensible como es Andalucía, es inevitable pensar que realmente es el ruido de la política cortoplacista el que habitualmente no deja ver esa normalidad de quienes simplemente ejercen como servidores públicos. O lo que es lo mismo, lleva a reflexionar sobre cómo el ‘politiqueo’ ha convertido en extraordinario lo que aquí es normal.

El alcalde de Adamuz con el presidente de la Junta y el consejero de Presidencia en Andamuz / Efe
La tragedia de Adamuz, con 46 pérdidas irreparables, y después la sucesión extraordinaria de borrascas que obligó a atender al mismo tiempo 16 escenarios de emergencia simultáneamente y en todo el territorio, han planteado un desafío nunca antes visto; y los andaluces han sabido reaccionar como lo que son: una sociedad madura, responsable y comprometida con el interés común (ya lo vimos con el Covid). Sus servicios de emergencia han trabajado con anticipación, con profesionalidad y con entrega. Las administraciones de las que depende, con lealtad y objetivos claros. Y sus ciudadanos lo han afrontado con serenidad, con generosidad y una enorme dosis de solidaridad hacia los demás.
Valga como ejemplo el comportamiento de las víctimas de Adamuz y sus familiares presentes en el multitudinario funeral celebrado en Huelva, donde elevaron el concepto de dignidad y la exigencia de conocer la verdad a la altura de todo un pueblo orgulloso y noble como es el andaluz.
O también el caso de Grazalema, y cómo su gente evacuó por completo el pueblo dejando atrás sus casas en pocas horas, sin drama y con una enorme dignidad; y la respuesta de Ronda y de otros municipios, para dar acogida a los desplazados sin necesidad de pedirlo y volcados sin límite en atenderlos.
Todo esto podría haber ocurrido en cualquier otro momento, pero lo ha hecho poco antes de que volvamos a conmemorar el 28 de Febrero.
El orgullo por cómo hemos afrontado los andaluces estas desgracias habría sido el mismo de haber ocurrido en otro tiempo diferente, pero el hecho de que haya sido en las vísperas de celebrar lo que somos como colectivo, como pueblo andaluz, enfatiza más si cabe este círculo virtuoso en el que hemos sabido convertir a nuestra tierra.

Ronda ha recibido a los habitantes desalojados de Grazalema con los brazos abiertos / Amanda Pinto
Una cadena de eventos que se retroalimentan entre sí, y en el que cada cosa buena que ocurre genera a su vez otra cosa buena. Una espiral ascendente de resultados favorables, que es como se define un círculo virtuoso. Porque, entre todos, hemos logrado darnos un modelo de mejora continua y de bienestar que va más allá de los buenos resultados que nos dan liderazgo en lo económico, más allá de las perspectivas para el futuro o de convertir a Andalucía en una isla de entendimiento, moderación y concordia en lo político.
Un círculo virtuoso en el que cada mejora genera nuevas mejoras. Y en el que, cuanto más orgullosa está Andalucía de sus gentes por cómo afrontamos lo que nos viene, más orgullosos estamos cada vez los andaluces de serlo.
Ese orgullo que se retroalimenta con la fuerza de los hechos lo hace, además, como buena espiral virtuosa, en positivo. Es un orgullo que no tiene nada que ver con la arrogancia, ni con la prepotencia ni la soberbia; el orgullo de ser andaluz que celebramos cada 28 de Febrero es un sentimiento complejo que se llena con la sana autoestima por los logros que conseguimos como pueblo. Es el orgullo que nos dota de identidad, y que nos da confianza para seguir avanzando juntos. Que no es excluyente y que nos permite poner también nuestra parte en el impulso de España, del proyecto conjunto que nos hemos dado todos como país. Es el orgullo que nos permite volver a ponernos en pie cuando la adversidad nos golpea.
Es el círculo virtuoso de la Andalucía que cree en sí misma, en sus capacidades, en sus raíces y en su futuro. Y a la que mejor le va cada vez que lo comprende, lo interioriza y lo muestra a los demás. Es el círculo virtuoso que nos lleva a celebrar juntos y felices el Día de Andalucía.
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