Opinión | 360 grados
Binomio agresor
Donald Trump y Benjamín Netanyahu, con Estados Unidos e Israel como protagonistas, han vuelto a actuar al margen del derecho internacional, fingiendo negociaciones para atacar a Irán

Trump y Netanyahu en una imagen de archivo / Europa Press
Ha vuelto a hacerlo ese binomio al margen del derecho internacional y de las más elementales leyes de la guerra que son los Estados Unidos de Donald Trump y su protegido, el Israel de Benjamín Netanyahu.
Como el pasado mes de junio, ambos gobiernos fingieron estar negociando con Irán sobre cómo detener su programa armamentisto -entonces el arma atómica, ahora también los misiles de crucero- para intentar pillarlo desprevenido.
¿Quién va a fiarse en el futuro de Estados Unidos cuando ha recurrido una y otra vez, y no sólo ahora con Trump, al engaño y a la fuerza más brutal contra sus adversarios, incluso contra aquéllos que no le han atacado como Irán?
Tampoco los gobiernos europeos pueden, por cierto, lavarse ahora las manos o meter, como los avestruces, la cabeza debajo del ala porque se han dedicado continuamente a demonizar al régimen de los ayatolas para justificar un eventual ataque.
Baste recordar las vergonzosas palabras del canciller federal alemán, Friedrich Merz, cuando a raíz de la llamada ‘guerra de los doce días’ del pasado junio, dijo que Israel estaba haciendo con su ataque de entonces a Irán «el trabajo sucio por nosotros».
El Calígula de la Casa Blanca, que ni siquiera ha pedido la autorización del Congreso para iniciar esta nueva guerra, como exige la Constitución de ese país, justificó lo que no es sino un nuevo intento de cambio de régimen con el argumento de que Irán no sólo aspira a dotarse de armamento nuclear, sino que está construyendo misiles de largo alcance, capaces, esto es, de llegar a territorio norteamericano.
Al anunciar al mundo su ataque a Irán, Trump hizo un llamamiento a sus ciudadanos a rebelarse contra el régimen y tomar el poder e incluso prometió amnistiar a los Guardianes de la Revolución, que son el gran sostén del régimen, si deponían las armas.
«Será seguramente la última oportunidad en generaciones», dijo Trump, para que los iraníes derroquen al régimen, al que calificó de «terrorista» y «asesino de su propio pueblo» en alusión a la represión a las últimas protestas, en las que agentes provocadores infiltrados por Israel se mezclaron con los manifestantes para provocar el caos.
El comentarista conservador estadounidense Tucker Carlson, hoy desengañado con el rumbo belicista de Trump y sobre todo su total entrega al lobby sionista, afirmó que es también la última vez que Israel consigue arrastrar a EEUU a una guerra con Irán porque las nuevas generaciones estadounidenses se están alejando del Estado judío, como indican los sondeos.
Esta vez Irán está al menos en teoría mejor preparado gracias al nuevo armamento llegado de Rusia y a los radares que para su defensa aérea le proporcionó China, países ambos con los que Teherán firmó recientemente un acuerdo de cooperación trilateral aunque éste equivalga en ninguno de los dos casos a un tratado de mutua defensa.
Irán reaccionó al ataque israelo-estadounidense tal y como había advertido una y otra vez, es decir atacando a su vez con sus misiles no sólo a Israel, sino también a todos los activos que tiene Estados Unidos en los países árabes de la región, entre ellos Qatar, Omán, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin o Kuwait.
Y no se limitó por cierto a las bases militares de la superpotencia, sino que bombardeó también algunas ciudades árabes, lo que provocó las airadas protestas de los países que habían asegurado previamente que no dejarían que EEUU utilizase su espacio aéreo.
Por cierto, ¿por qué no se rebelan de una vez los pueblos de esas satrapías de Estados Unidos contra sus ilegítimos gobernantes, puestos ahí en su día por las potencias coloniales y que sólo sirven a los intereses de Washington y Tel Aviv?
Mientras tanto, las distintas agencias de las Naciones Unidas volvieron a demostrar su impotencia, limitándose a pedir que se vuelva diálogo y pidiendo moderación tanto al atacante como al atacado, equiparándolos como si ambos fueran igualmente responsables.
Y algo parecido hicieron los líderes europeos, desde el presidente del Consejo, el portugués António Costa, hasta la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, o la jefa de la diplomacia, Kaja Kallas, que abogaron por la desescalada del conflicto sin distinguir tampoco entre agresor y agredido.
La operación contra Irak, bautizada ‘Furia épica’, no promete ser en ningún caso fácil: para el cambio de régimen que pretende Trump, no bastarán los bombardeos aéreos, sino que tendrá que poner a sus hombres sobre el terreno, y los estadounidenses no quieren ya ver más cadáveres de militares repatriados en sacos.
Los iraníes son además un pueblo tradicionalmente acostumbrado, en virtud sobre todo del islam chiita que profesan, a la autoflagelación y al sacrificio, algo que tratarán sin duda de demostrar al binomio agresor.
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