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Opinión | Málaga solidaria

Aurora Bellido Ponferrada

8-Marzo: una mirada a las mujeres en exclusión social

Una mujer protesta con un cartel durante la manifestación que abandera la Assemblea 8M por el 8M, Día Internacional de la Mujer, a 8 de marzo de marzo de 2023, en Barcelona, Catalunya (España). Barcelona es una de las múltiples ciudades españolas donde las mujeres salen hoy a la calle para conmemorar su lucha y la de sus antecesoras por participar en la sociedad en las mismas condiciones que los hombres. ECONOMIA Lorena Sopêna - Europa Press

Una mujer protesta con un cartel durante la manifestación que abandera la Assemblea 8M por el 8M, Día Internacional de la Mujer, a 8 de marzo de marzo de 2023, en Barcelona, Catalunya (España). Barcelona es una de las múltiples ciudades españolas donde las mujeres salen hoy a la calle para conmemorar su lucha y la de sus antecesoras por participar en la sociedad en las mismas condiciones que los hombres. ECONOMIA Lorena Sopêna - Europa Press / Lorena Sopêna

Si como parte de la ciudadanía, nos hiciéramos la pregunta de si existe también brecha de género en términos de pobreza y exclusión social entre hombres y mujeres, es fácil pensar que estas últimas salen peor paradas. Si quisiéramos confirmarlo, bastaría con consultar los últimos datos analizados por la Red Europea de Lucha contra La Pobreza y la Exclusión Social (EAPN). Atendiendo a lo recogido en el Observatorio de Feminización de la Pobreza y la Exclusión que presentó dicha Red el pasado 12 de diciembre de 2025, un 26,8% de mujeres en España está en riesgo de pobreza y/o exclusión social -6,6 millones de mujeres frente a unos 5,9 millones de hombres-. Sin embargo, no siempre se ha aplicado la perspectiva de género o se ha luchado por entender por qué -también en términos de pobreza- se produce esta brecha. Vayamos al origen: fue Diana Pearce, investigadora estadounidense, quien a finales de la década de los 70 hizo nacer el término feminización de la pobreza, haciendo ver al mundo que la pobreza femenina no es casual, sino que está determinada por los trabajos de cuidados y la posibilidad de acceder y disfrutar en igualdad de las oportunidades que ofrece el mercado laboral. Fue entonces cuando se empezó a entender que, para empezar a hablar de erradicación de la pobreza y exclusión social en las mujeres, era necesario hacer un análisis de lo que la diferenciaba y determinaba, respecto a los datos de pobreza y exclusión social en hombres. No fue, de hecho, hasta 1995, cuando se produjo un reconocimiento global, en la Cuarta Conferencia Mundial sobre La Mujer de las Naciones Unidas en Beijing, donde se popularizó la frase «la pobreza tiene rostro de mujer».

Desde la Asociación Arrabal AID, y muy concretamente desde el proyecto KAPACES, que llevamos a cabo en colaboración con Fundación la Caixa, asistimos a esta desigualdad, centrándonos en la atención a mujeres que sobreviven en este contexto. Para ello, aplicamos una perspectiva de género con enfoque interseccional, teniendo así en cuenta no únicamente la diferenciación entre hombres y mujeres en datos de pobreza y exclusión social, sino también la raza, edad o lugar de nacimiento como factores que pueden agravar la situación de desigualdad y/o discriminación. A las mujeres participantes del proyecto KAPACES se les procura una atención integral, por la que se les ofrece atención social, psicológica y orientación laboral. Además, como fieles creyentes del poder que puede tejerse a partir de la creación de las redes comunitarias entre mujeres, las invitamos también a formar parte de las actividades de ocio y tiempo libre que llevamos a cabo.

Sobre el perfil de las mujeres que atendemos, un alto porcentaje son mujeres migrantes, a menudo en situación administrativa irregular, con múltiples historias de violencias de género detrás, a veces de parejas o exparejas; otras tantas víctimas de redes de trata y/o explotación sexual. Suelen tener, además, personas a cargo, ya sea en sus países de origen o conviviendo con ellas; muchas forman unidades de familia monoparentales. Las profesionales que las atendemos, conscientes de las dificultades y del dolor que cada una arrastra, no podemos dejar de admirar un factor común entre todas ellas: las ganas de salir adelante. Para nosotras, es siempre impactante que tengan el coraje de pedir ayuda y de ponerse en manos de programas como KAPACES.

Quizá la cara más cruel para aquellas mujeres que se encuentran en riesgo de pobreza y exclusión social aparece cuando la vulnerabilidad tiene que ver con la posibilidad de quedar en situación de calle. El problema del acceso a la vivienda en Málaga se agudiza con mayor crudeza para ellas. Y entra de nuevo aquí en juego la desigualdad de género, ya que, lamentablemente, los peligros a los que se enfrenta una mujer que queda en situación de calle no son los mismos que los que afronta un hombre en estas mismas circunstancias.

Desde los distintos proyectos de la Asociación Arrabal-AID, especialmente desde KAPACES, seguiremos participando activamente en el camino de las mujeres hacia la inclusión social y la empleabilidad. Y particularmente yo, como Trabajadora social en este comienzo de año negro que llevamos, en el que según datos del Ministerio de Igualdad, han sido confirmadas nueve mujeres asesinadas víctimas de violencia de género entre el 4 de enero y el 19 de febrero, quisiera concluir este artículo con un único deseo: que la amenaza de la violencia machista acabe y que llegue el día en el que cuando atienda a una mujer -ya sea por primera vez o siendo antigua usuaria- pueda pensar simplemente en que me alegro de verla, sin temer por su integridad física, psicológica o incluso por su vida.

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