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Opinión | Tribuna

Julián Sobrino Simal

Julián Sobrino Simal

Julián Sobrino Simal es investigador Honorario de la Universidad de Sevilla y Presidente de la Asociación de Patrimonio Industrial de Andalucía “Fabricando el Sur”

Astilleros Nereo y la modernidad de la industria

La arquitectura popular mediterránea, sin estilo académico, se manifiesta en Astilleros Nereo, donde la carpintería de ribera se transmite de generación en generación, manteniendo viva la tradición

Astilleros Nereo en el paseo marítimo de Pedregalejo

Astilleros Nereo en el paseo marítimo de Pedregalejo / Álex Zea

En el número 18 de AC (1935), órgano del GATCPAC, aparece una fotografía, aparentemente modesta, una barcaza (Málaga) varada en la playa, y se convierte en un Manifiesto silencioso. La imagen aparece integrada en la sección “Elementos de la industria popular”, donde se defiende que los objetos útiles, repetidos por tradición (popular standard), pueden ser “emocionantes y humanos”, racionales y, aun así, portadores de un valor lírico. En esa lógica, la embarcación no es “folclore”: es una pieza de conocimiento material que resume clima, economía, técnica, memoria y una ética del hacer.

La propia revista AC lo formula en su Editorial con una precisión que hoy suena contemporánea: la arquitectura popular mediterránea se construye “sin estilo”, sin academia, aprendida por transmisión y por ajuste a las necesidades primarias; sus puertas, ventanas y pórticos responden a una “escala humana” y a una ausencia de artificio. Y cuando AC habla de las “raíces mediterráneas de la arquitectura moderna”, lleva la mirada desde la retórica del progreso hacia una genealogía más honda: volúmenes primarios, grandes superficies lisas, luz, cal, economía de medios, y armonía con el paisaje. Dicho de otro modo: lo moderno no nace solo del cálculo y la máquina; también nace del Mediterráneo como laboratorio de racionalidad práctica.

Esa es la clave para leer hoy la continuidad de Astilleros Nereo, en la playa de Pedregalejo: no como una supervivencia pintoresca, sino como actualidad de una inteligencia constructiva sin alardes. Allí pervive la carpintería de ribera “en su contexto original”, con naves de trabajo y patio, paredes encaladas, herramientas y oficios transmitidos de generación en generación y, un dato decisivo, el Astillero y el mar a la misma distancia: la distancia de una botadura posible, en una continuidad que se remonta a 1628 y que mantiene “sin interrupción” la construcción y reparación de embarcaciones tradicionales como la jábega y los botes de vela latina.

Si el Movimiento Moderno buscó autenticidad, economía de recursos y verdad constructiva, Nereo ofrece un caso vivo donde la arquitectura del oficio, naves, sombra, orden funcional de trabajo, industrial y artesanal, relación con la arena, responde a esos mismos principios: no por imitación de un lenguaje, sino por pertenencia a un sistema cultural que produce formas desde la necesidad. Por eso el debate no puede reducirse a “trasladar” un taller como si fuera una nave industrial indiferente: el oficio exige vínculo funcional con el mar; las herramientas y las embarcaciones solo cobran sentido pleno en su entorno marítimo original, a ello lo llamamos: Pertenencia al Lugar.

El paisaje no es una postal, ni una mercancía, sino una síntesis activa de arquitectura, técnicas, memorias y comunidad. Pedregalejo, su playa, su escala humana, la vela latina como iconografía cotidiana, es un paisaje vivido donde producción y cultura no se separan. Deslocalizar Astilleros Nereo sería romper esa ecología cultural: fragmentar bienes muebles e inmuebles, debilitar la transmisión del saber, y empobrecer un litoral que todavía mantiene esta escena de fabricación naval con plena densidad histórica.

Por eso la salvaguarda no es nostalgia: es política de futuro. La Convención UNESCO de 2003 y la Ley 14/2007 de Patrimonio Histórico de Andalucía apuntan a proteger prácticas y contextos; y el Plan Nacional de Patrimonio Industrial reconoce el enclave como uno de los elementos destacados vinculados a la carpintería de ribera. En términos contemporáneos: proteger Nereo es sostener una infraestructura cultural de proximidad, un aula abierta de tecnología popular y un recordatorio incómodo, pero fértil, de que los oficios no son “residuos” de la industria: son su raíz social. Y, en Andalucía, la industria también es esto: la continuidad inteligente de un trabajo que sigue produciendo barcos desde la orilla del Mediterráneo en Málaga.

Actualmente hemos puesto en marcha una campaña de apoyo a la declaración BIC de Astilleros Nereo como Lugar de Interés Industrial: https://c.org/9Y5XFNWKGc

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