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Opinión | Arte-fastos

¿Hasta cuándo nuestra ceguera?

La exposición "Nosotras", organizada por la Asociación CRECE de Marbella, exhibe retratos de mujeres destacadas, creados por usuarios con discapacidad, rompiendo estereotipos femeninos

Obra en honor a Rosa Cortés

Obra en honor a Rosa Cortés / l.o.

Parecía una exposición más, a propósito de los logros de las mujeres por la igualdad de derechos con el varón, o aquéllas que han contribuido a romper el llamado techo de cristal y anular otros mecanismos de discriminación. Tampoco el subtítulo del cartel presagiaba grandes sorpresas, tan solo lugares comunes: «En homenaje a las mujeres que abrieron camino donde no había rastro». Sin embargo, sí había lugar para la sorpresa, el asombro e incluso la admiración. Mientras recorría el amplio vestíbulo de la sede de Arte y Cultura en Marbella, pude comprobar que dicha colectiva, de título Nosotras, consistía en una galería de veintiún retratos (acrílicos sobre lienzo, mediano formato) de mujeres españolas y extranjeras que se han distinguido por su labor no solo por la causa feminista, sino también por cuestiones globales como la libertad de expresión, segregación racial, derechos de las minorías, salvaguarda de la Naturaleza o el cambio climático.

Con estos mimbres, la exposición se presentaba como antesala idónea para las celebraciones del 8M (Día Internacional de la Mujer); pero sus organizadoras, la Asociación CRECE de Marbella, trascienden el mero acto feminista y amplían su reivindicación hacia un segmento de población que conocen bien, pues lo tratan a diario: la atención, estimulación e integración de personas de cualquier edad con discapacidad y/o trastornos. Y entonces surge la sorpresa y admiración -lo decíamos al principio- cuando comprobamos que los propios usuarios son los artistas (guiados por la mano amorosa de Ana Villabobos) que, además, rechazan protagonismos inútiles (los cuadros no están firmados), hacen gala de un exquisito sentido del dibujo y el color, y, lo más importante a mi juicio, deconstruyen estereotipos femeninos, en un rapto de valentía que ya quisieran muchos de los artistas modernos que van de solidarios.

¿En qué consiste esa valentía? En todo retrato que se precie, el modelo debe parecerse a su imagen (o al menos, reconocerse) y, de hecho, así ocurre aquí, mediante contornos definidos y líneas de expresión claras. Pero la ruptura con el canon convencional viene por otros caminos, tales como el cromatismo intenso, plano y uniforme, que alude a la estética del cómic o del arte pop; el estilo, con derivas cubistas (Ishtar, Rosa Cortés), naturalistas (Nemonte Nenquimo) o expresionistas (Ana Rubiales Guzmán); y el eclipse del tema (como lo denomina Pierre Francastel), donde personaje y actividad se disocian en favor de valores plásticos (Claudette Colvin, Manolita Chen). Esta disociación llega a la irreverencia en los casos de Marie Curie (pelo teñido, semirapado, y con el dedo índice nos manda callar) y Mary Edwards Walker (pelo azul, y con el dedo corazón nos hace una peineta); únicas de toda la serie (junto con Loles Díaz Aledo) que portan gafas oscuras. Quizá para recordarnos que estamos ciegos (los ciudadanos, los políticos) ante un colectivo necesitado de más ayudas, empatía y comprensión.

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