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Opinión | Marcaje en corto

El milagro del Funes Buque

Los jugadores del Málaga CF celebran con la grada de animación la victoria ante la SD Huesca

Los jugadores del Málaga CF celebran con la grada de animación la victoria ante la SD Huesca / Gregorio Marrero

El Málaga CF ya es cuarto en la Liga de la hipertensión, también conocida como Hypermotion, por cuestiones de patrocinios. Viajará a Cádiz el próximo finde sabiéndose a un punto del ascenso directo, del Deportivo y de la Unión Deportiva Almería que siguen también la estela del Racing, aún líder destacado.

En otro contexto, este lunes andaría celebrando la afición blanquiazul que el milagro del Funes Buque ha permitido atar la permanencia en la segunda categoría del fútbol español aún siendo invierno. Pero eso no es noticia cuando estás de lleno en la lucha por soñar con el regreso a Primera División. La euforia tiene nombre de entrenador lojeño, pero casi más malagueño y malaguista que el propio Súper Boke.

Juanfran Funes pasó a tomar las riendas del primer equipo, después de varias campañas en el filial y casi convencido de que era hora de volver a las aulas y de ejercer en exclusiva como maestro, ya superada la mediación de noviembre. Pellicer no había logrado prolongar las buenas sensaciones de pretemporada y el equipo casi estaba en la UVI, como en su día cogió Lopera a aquel mítico Betis.

Desde entonces todo ha sido hacia arriba, como el gasoil o la gasolina en las dos últimas semanas. El milagroso Funes Buque, como cariñosamente se le recuerda en tierras lojeñas, donde empezó su trayectoria como entrenador, ya acumula 36 puntos en 16 jornadas.

Recordemos que su antecesor encadenó apenas 15 en las 15 primeras. Y con los cinco tantos de este domingo ante un Huesca que hasta ahora casi era maldito en el historial de los malagueños, el balance con Funes es de 33 dianas a favor y 19 en contra.

En una hipotética clasificación para la segunda mitad de lo que va de temporada, el Málaga CF aventajaría en tres puntos al Racing de el extécnico malaguista José Alberto López. Pero también le supera en dos goles anotados. Tendría seis puntos de renta respecto al tercero, el CD Castellón, en estas últimas 16 jornadas, con lo que vería el ascenso directo cada vez más cerca. Pero es ahí donde al lojeño le sale todo el carácter que en público rara vez aparece. Nada está hecho y todo lo que sube baja.

De hecho, este domingo fue crítico con el carrusel de tantos que se sucedió en los minutos finales. Ni el empate a tres contra el Valladolid ni el 5-3 ante los oscenses son resultados que gustan a un preparador. Pero es lo que pasa cuando vas a por todas en una categoría con tanta igualdad. Cualquiera te puede hacer dos dianas en otros tantos minutos. Nada está dicho aún con 100 minutos disputados. Como se pudo ver en el ocaso dominical.

Luego están las individualidades. Por delante del cerrajero Herrero, dueño del mejor candado que tenga una portería en el fútbol profesional patrio, Chupe y David Larrubia son los encargados de resolver con esa millonaria facultad que te da el acierto a puerta los más complicados escenarios. Pero el artista que tiene la responsabilidad de añadir magia y poner colofón a la gran obra maestra no es nadie sin unos buenos arquitectos en tareas de cimentación.

Con ese mono de trabajo brillan con luz propia otros canteranos y malagueños que también tienen ya ganado un trocito de puerta en cualquiera de los accesos a La Rosaleda. Porque los Izan Merino, Dani Lorenzo y Joaquín Muñoz son igualmente patrimonio de este Málaga CF tan de moda en la también pujante Ciudad del Paraíso.

Sería injusto en una plantilla tan coral no mencionar a dos carrileros capaces de agotar la línea de fondo y ser pulmones en los momentos de mayor zozobra. Ahí toca mirar hacia mi tierra, la costa oriental, La Axarquía y el litoral granadino, hacia Torre del Mar y Albuñol, de donde son respectivamente los polivalentes Rafita y Carlos Puga.

Dotor cada día es más pulmón en el esquema de Funes. Es motor, rotor y eje incombustible para una afición más identificada con su entrega. Y hasta Adrián Niño se ha hecho mayor, accediendo a la titularidad en un feudo donde ya antes del inicio de la competición despertaba ilusión.

En la retaguardia, Murillo o Montero volvieron a tener, como tantas veces, la tarea más difícil. Pero también son capaces de cubrir a la carrera toda esa inmensidad que deja lo de atacar dándolo todo. Es lo que tiene el Funes Buque: quien no arriesga no gana.

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