Opinión | Tribuna
El Rambam subterráneo

Un barco iraní en el estrecho de Ormuz lanza un misil durante unos ejercicios militares / EUROPA PRESS
La guerra en Oriente Medio se consolida como una guerra de duración incalculable y es por eso que la vida tiene que abrirse paso, porque los niños siguen naciendo, las enfermedades curándose, los cánceres operándose y tratándose y también en ese círculo final hay que decir adiós a los muertos. Leo que Israel tiene el hospital subterráneo más grande del mundo con capacidad para 8.000 pacientes y con 60.000 metros cuadrados, lo llaman el Rambam subterráneo y cuenta con 2.000 camas, unidades de oxígeno, cuatro quirófanos, una sala de maternidad y un centro de diálisis, y sus pacientes aseguran que es el lugar más seguro de todo Israel donde se puede estar porque no hay misil que llegue y los enfermos no escuchan las sirenas ni describen en sus rostros el miedo que queda arriba, en la superficie.
Israel siempre ha estado preparado para la guerra porque su relación con ella es estructural y permanente, marcada por un conflicto histórico-territorial ininterrumpido desde su fundación en 1948 y basado en la necesidad de reconfigurar el equilibrio de su poder en la región. De ahí este hospital subterráneo, que es sello de vida dentro de la guerra, y que fue ideado en 2006 cuando la ciudad de Haifa, donde se encuentra el Rambam, fue atacada intensamente con misiles por parte de Hizbulá, 70 cayeron alrededor del hospital y aunque no hubo víctimas, sí mucho miedo y la percepción de que los pacientes no estaban a salvo, y en un hospital es preciso estar a salvo y por ello idearon convertir las tres plantas subterráneas, destinadas a aparcamiento en tiempos de paz, en un hospital donde la vida y la atención discurre con absoluta normalidad, porque no se sienten las sirenas ni los posibles ataques y tampoco hay ventanas, de forma que la vida queda asegurada bajo luces artificiales y entre columnas numeradas que ahora sirven para acomodar enfermos y que en tiempos de paz organizan a los vehículos.
Médicos y pacientes se sienten orgullosos de su Rambam, que es algo así como un búnker que sigue negociando con la vida en tiempos de guerra en los que la muerte se impone en los ataques que Israel lanza contra Irán y el Líbano que no tienen un Rambam y sí la mala fortuna de una historia en la que su población civil vive y muere a cielo descubierto esperando un milagro que cada día se aleja más, porque dentro y fuera se impone la tiranía y ellos son solo un punto de mira.
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