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Opinión | Tribuna

J. Teresa de Ruz Massanet

Los amigos ‘Elsa Punset’

Es urgente desvirtualizarnos y pasar a una acción real, y por qué no, dejar maniobrar al niño o a la niña que todos llevamos dentro a la hora de conocer de verdad a nuevas personas

Elsa Punset

Elsa Punset / l.o.

«Hacer amigos». Cuanto más repito la expresión más se amplían sus horizontes.

De las 58 acepciones que la RAE ofrece del verbo hacer, la que mejor encajaría con el significado que atribuimos a ese binomio de palabras, es la que lo define como conseguir u obtener. Hasta ahí, perfecto. Pero si echamos un vistazo a las primeras acepciones, a las que hacen referencia al verbo hacer como fabricar o producir algo, tampoco sería descabellado pensar que, entonces, para conseguir amigos sí haya que producir, elaborar o construir de algún modo.

A priori, no me imagino construyendo un ente amistoso o haciendo que otros fabriquen un amigo o amiga para mí, aunque de hecho ya lo está haciendo la IA. Se cuela engañosamente en los grandes yacimientos de soledad tras las pantallas, tanto en adultos como en jóvenes. Por eso, me viene a la cabeza otra fórmula más real, de carne y hueso, que Elsa Punset propone en su libro Alas para volar y explica en numerosas entrevistas y pódcast. Ella hace nuevos amigos siguiendo la metodología que escuchó a Jane Fonda. Sabiendo que el tiempo es oro, o quizás ya petróleo, para qué demorarse en aguardar señales seguras que expresen cierta conexión recíproca, o para qué mantenerse en una prudencia eterna hasta que las circunstancias y los astros propicien un futuro encuentro amistoso con alguien. La legendaria actriz explicaba que si conocía a alguien y este le caía bien, no se demoraba, y le preguntaba directamente: ¿Quieres ser mi amigo? Y así hace ahora Elsa Punset. En su libro, de hecho cuenta alguna anécdota personal acerca de esta forma de entablar nuevas amistades. El resultado le ha llevado a poner un nombre a estas nuevas relaciones: son sus «amigos Jane Fonda». Claro, dirán, ellas juegan con cierta ventaja. ¿Quién no querría ser amiga de Jane Fonda o de Elsa Punset?, sobre todo si fueran ellas mismas las que se lo plantearan. Yo, desde luego, sí.

Cuando leí la propuesta, me despertó una sonrisa, pensé que era algo ingenua y confiada, por no decir infantil. Pero superado este primer prejuicio, hice un segundo análisis. Y es que ante el avance de lo artificial y de los estragos que causa la soledad no deseada y la incomunicación, pensé que no era en absoluto disparatada, solo quizás atrevida. Si lo pienso bien, lo que sí es realmente absurdo, incluso peligroso, es pseudodialogar con ChatGPT como si fuera una amigable persona, ¿no creen? Recordemos el suicidio del joven de 16 años de EE UU después de haber entablado conversación con el chatbot.

Es urgente desvirtualizarnos y pasar a una acción real, y por qué no, dejar maniobrar al niño o a la niña que todos llevamos dentro a la hora de conocer de verdad a nuevas personas. Si pusiéramos en práctica esto, «hacer amigos Jane Fonda», me gustaría imaginar que surgirían más conexiones reales y que bajaría, en parte, la medicalización para tratar algunos estados de ánimo, que ahora mismo contienen y amortiguan algunas dolencias del alma. La soledad no deseada, insisto, no creo que traiga nada bueno, rasguña existencias.

Yo aún no me he atrevido a hacerlo, presupongo que no tengo el carisma de estas dos estupendas mujeres, pero me he prometido que si me lanzo, tanto si empleo la pregunta directa como si doy otro rodeo, les contaría los resultados.

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