Opinión | Lectores
Cartas al director
Medio Siglo del Concurso Nacional de Saetas de la Peña Trinitaria, por Rafael Esteve Secall
Cuando el próximo domingo 22 de marzo el Teatro Cervantes acoja la final del 50º Aniversario del Concurso de Saetas “Ciudad de Málaga” se habrá conseguido un hito asociativo y cultural sin parangón en una ciudad como la nuestra, donde a cualquier actividad que se repita apenas tres o cuatro años seguidos se la califica rápidamente de “tradicional”. Además, el próximo mes de septiembre también se cumplen 25 años de la concesión del título oficial “Nacional” al Concurso de Saetas Ciudad de Málaga” que todos los años organiza la Peña Recreativa Trinitaria y Escuela de Arte Flamenco, acordado en Algeciras en el XXIX Congreso de Arte Flamenco de la Asociación para el Fomento de Actividades Flamencas. el año próximo
Esta señera Peña cumplirá también 75 años de su fundación, siendo la decana en este importantísimo movimiento asociativo vecinal que, articuló a lo largo de la segunda mitad del siglo pasado, la necesaria sociabilidad de los malagueños; también en otras provincias andaluzas. Y se fraguó alrededor de unos barrios levantados sin apenas equipamiento público a impulsos de la perentoria necesidad de viviendas que acogieran la expansión del crecimiento demográfico y la emigración del campo a la capital. Estas peñas de carácter recreativo y fomento de la cultura y tradiciones populares desempeñaron la importante labor de actuar, asimismo, como vías de comunicación entre el poder político local y los ciudadanos para vehicular aspiraciones del entorno urbanístico vecinal. Eran los años del desarrollismo económico pero también del crepúsculo del franquismo, donde la participación política no sólo estaba prohibida sino celosamente reprimida.
Y entre las tradiciones más potenciadas por los peñistas estaba y sigue estando muy presente el flamenco. En este ámbito se enmarca el concurso cuyo cincuentenario conmemoramos, que nació justo al año siguiente en que la Agrupación de Cofradías dejó de celebrar el suyo. Corría el año 1976.
Un entusiasta grupo de peñistas trinitarios cogió el testigo apoyados por el entonces Presidente de la Agrupación de Cofradías José Atencia. A pesar de los múltiples avatares de toda índole –no hay que olvidar el contexto económico, político y social de aquellos años–, la constancia, el buen hacer y la ilusión de los peñistas lograron lo que es un “milagro” que se reitera año tras año con el apoyo de Ayuntamiento, Diputación, Universidad y entidades privadas como Cafés Santa Cristina. Destacados cantaores y cantaoras de flamenco de toda la geografía andaluza figuran en el listado de ganadores. Entre ellos y ganadores en varias ediciones, están los malagueños Enrique Castillo, Diana Navarro, Francis Bonela e Isabel Guerrero. Llevan a gala el galardón del premio denominado Antonio de Canillas en memoria de quien ha sido uno de los mejores cantaores malagueños de la historia.
Pero como en todas las actividades colectivas tiene que haber un grupo de personas que bien lideradas asuman la responsabilidad de la organización. Y en este caso, sin menoscabo de los pioneros del concurso y de la relevancia de las sucesivas comisiones organizadoras, es de justicia mencionar a quien desde casi los primeros concursos es el alma del mismo: Francisco Márquez Salcedo. El ayuntamiento lo reconoció hace varios años dándole su nombre a la plaza donde se asoma su Peña Trinitaria.
Por último una reflexión personal. La saeta aflamencada resulta muy difícil de cantar. Hacerlo “a capella”, al aire libre, en la calle y siguiendo los cauces de unos palos como la seguirilla, el martinete, la carcelera.... exige grandes facultades canoras, mucho valor y buen conocimiento del flamenco. A lo que hay que añadir el carácter devocional de la saeta y el objetivo de mover a compasión a los oyentes, con la sola voz, los quiebros y melismas lastimeros del cante, con los que se transmite la emoción ante el drama representado por las imágenes pasionistas. Eso implica una gran profesionalidad de los “cantaores”, por lo que su carencia disuade a los devotos de entonar la plegaria cantada que está en el origen de la saeta. Estas “saetas llanas” se oyen en sus diversas variantes por los pueblos de Andalucía, pero no en Málaga. Bueno sería que las incipientes escuelas de saetas también enseñaran estos ancestrales cantos religiosos populares al alcance de cualquier aficionado.
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