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Opinión | Málaga de un vistazo

Nada es por azar

Naranjos en una calle peatonal de Las Flores.

Naranjos en una calle peatonal de Las Flores. / A.V.

Esta semana han florecido los naranjos que todavía resisten plantados en algunos de los barrios de la ciudad. Llega el azahar. Llega ese olor inconfundible que anuncia el aperitivo del verano y nos invita a soñar con ropa más ligera y planes al sol.

La Física nos dice que el calor produce vibración de las partículas y ello provoca la transmisión de energía por choque entre ellas. Pues a los humanos nos pasa lo mismo: el buen tiempo nos produce vibración, buena vibración en este caso, lo que se traduce en una buena energía que se transmite por contacto con otras personas. Por eso, con el buen tiempo disminuyen drásticamente las discusiones entre conductores a primeras horas de la mañana. Y el azahar es uno de los primeros mensajeros que anuncia la buena nueva.

Pero más vale no confundir el azahar con el azar. El azar es la suerte. Lo aleatorio. Imagino que es el que decide que los servicios municipales estén continuamente cuidando las zonas verdes del paseo marítimo de La Malagueta y, sin embargo, se cuiden menos los naranjos que, en el barrio de Nueva Málaga, dan luz al azahar al que me refería, por ejemplo.

Es posible que ello no sea así y esto sólo sea una sensación victimista mía. Si es así, ningún problema en rectificar. Pero, por ahora, sólo puedo achacar al azar que los barrios reciban menos servicios de limpieza y menos atención que otras zonas más nobles de la ciudad. Aunque, ahora que nombro a la nobleza, igual no es azar y es bazar. Igual los servicios públicos no se reparten aleatoriamente sino que son objeto de subasta y mercadeos, y se prometen y destinan al mejor postor, al que más dinero tiene, al que más poder acapara y ante el que responde el político de turno. Me da que será eso, porque aquí nada es por azar.

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