Opinión | Punto final
Juan de Dios Crespo
Sin perder tiempo
El organismo que regula el fútbol busca agilizar el juego: los saques de banda que superen los cinco segundos darán la posesión al rival, y los porteros tendrán el mismo límite de tiempo para sacar

Baena se dispone a sacar un córner en un partido contra Bulgaria en octubre pasado. / Manu Fernandez (AP)
Estos días sabremos si la IFAB, que es la organización que decide de los cambios a realizar en las reglas de juego del fútbol, va a adoptar unas medidas que, al parecer, ya están casi aprobadas, a falta de la votación que ha de hacerse.
Serán, la primera, la de que cuando un saque de banda dure más de cinco segundos, y con el árbitro contando con su mano, dará éste la pelota al equipo contrario.
La segunda, algo más compleja, porque las consecuencias serán mayores, es la del portero, que tarde también más de cinco segundos, tendrá en contra un saque de esquina.
Está claro que habrá que tener cuidado, porque un córner siempre es un peligro, y por ganar unos segundos, se puede meter el guardameta en un problema más complejo.
La tercera, será la de la substitución. Aquí, la IFAB pretende que, si el jugador no sale en un máximo de diez segundos (por cierto, ya está la regla de que debe abandonar el campo en el lugar más cercano donde esté situado el substituido), se tendrá que quedar su equipo con un jugador menos durante un minuto del partido.
La cuarta y última no es tan objetiva como las tres primeras, que tienen una fácil aplicación, por el tiempo de que se dispone para cumplir con lo reglamentado. Y es la de las lesiones, que no quedan nunca claras, en cuanto a si son fingidas o no cuando el «lesionado» es del equipo con ventaja en el marcador.
Por ello, no podrá volver al campo el «lesionado», de manera inmediata, sino que, cuando esté «recuperado», tendrá que esperar un minuto más fuera del terreno de juego.
Como vemos, si ahora hay muchas quejas sobre por qué y cómo se amplían los noventa minutos de un partido, con goles en el 98 o el 101 (como ha ocurrido en las últimas eliminatorias de las competiciones europeas la semana pasada), ahora se van a ver quejas no porque se añada tiempo, sino porque se reste éste al equipo infractor.
Y es que es cierto que pagan justos por pecadores, pero los jugadores deberán aprender a sacar de banda más rápidamente, sin cambiar de futbolista una o a veces dos veces, con el fin obvio de restar tiempo de juego (aunque el árbitro parezca que lo sumará al final).
Los porteros tendrán que saber que su lentitud puede provocar más goles que ganancias, ya que los saques de esquina son algo peligrosos de por sí. Una faena más que deberán hacer los preparadores de guardametas, para evitar que hay nefandas consecuencias.
En cuanto a las substituciones, tanto los jugadores como los entrenadores habrán de ser aleccionados, porque un minuto con un jugador menos puede llevar a un gol en contra, aunque se diga que se juega mejor con diez que con once (Helenio Herrera dixit).
Y, finalmente, me parece acertada la medida sobre las lesiones, que en muchas ocasiones son irreales. En fin, que asistimos a cambios que, creo, son necesarios, como lo es leer. Y, por ello, recomiendo «La rosa perdida», de Christopher Laquiez. Disfruten y cuídense.
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