Opinión | La señal
Pajaritos y pajarracos
El Consejo de Ministros prorroga los contratos de alquiler hasta 2027 y limita la subida de precios, una medida que genera rechazo en el sector inmobiliario por la inseguridad jurídica que implica

Moreno Bonilla / Álex Zea
Pajaritos y pajarracos (Uccellacci e uccellini, 1966) es una gran película dirigida por Pier Paolo Pasolini y protagonizada por Totó y Ninetto Davoli en los principales papeles. Padre e hijo se echan a andar, cerca de Roma, para resolver el asunto de una deuda que pesa sobre su finca y, claro, el camino da para mucho y hablan de la vida y hasta de la muerte, pero nada menos que con un cuervo que se considera un intelectual marxista de los de antes, no de los de ahora, subvencionados. Viene al caso esta obra por el decreto que acaba de parir el Consejo de Ministros que recoge la prórroga de los contratos de alquiler –que finalicen antes de que termine 2027– y el tope a la actualización de los precios –para los contratos que entraron en vigor antes de la Ley de Vivienda–. Naturalmente, estas dos medidas tienen en contra a todo el sector, los propietarios, por la inseguridad jurídica que supone. Pero qué más da, se dirán el Gobierno y sus monaguillos, si Irán pone pegatinas de Sánchez en sus misiles dándole las gracias al presidente español. Bueno, no solo, la sanguinaria etarra Amboto también debe estar agradecida.
En el bar de al lado, el que está largando tela es Juanma Bajo Ulloa. El director de Alas de mariposa (1991), Airbag (1997), Baby (2020) y otras deliciosas películas arremete contra la ideología de género y la nueva inquisición woke sin miramientos a que le den o no, que no, una subvención. Desde luego, es libre porque no se debe a nadie que le pague, lean: «Si eres un hombre blanco hetero, eres opresor y tienes que pagar una serie de peajes. Sin embargo, si tienes la suerte de estar en los grupos oprimidos, ya no te digo si estás en varios a la vez, vas a recibir todo tipo de parabienes, ayudas y subvenciones que, en realidad, son paternalistas. Eso es lo más gracioso, denuncian una sociedad patriarcal desde el paternalismo».
Es como ‘The Pitt’, de HBO, que no tiene anuncios, pero sí breves pausas en la peli para transmitir mensajes woke poco sutiles y adoctrinarnos, y te das cuenta, por supuesto. ¿Y qué vamos a decir de la inteligencia artificial entrenada en los sesgos al uso? El caso es que, según el WSJ de hace unos días, el mundo woke anda en retirada en los USA, pero ya se sabe que la ola del Atlántico tarda algún tiempo en llegar a estas playas. Por cierto, que las esculturas de Ginés Serrán no han provocado ningún seísmo estético y mayoritariamente compruebo que gustan, ya se sabe que unas veces se gana y otras se aprende.
A otro Juanma, Moreno, no le afectan estas cosas, porque se ha dado prisa en tocar el cornetín de elecciones, a ver si aprovecha los sucesivos batacazos autonómicos de los socialistas, siempre y cuando un compañero de partido, como Azcón, no meta la pata, por Marisú no hay que preocuparse en exceso, el asunto es cuánto crecerá Vox, ya en 2019 le dio al presi una subida de tensión.
En Cuba, no pasan estas cosas de las elecciones. Sencillamente, está en bancarrota desde que su satélite venezolano ya no le suministra crudo. Se trata de la peor crisis económica desde que se instauró en 1959 la dictadura comunista. No es solo que el sistema eléctrico se haya caído, es que hay escasez de alimentos y agua potable. Pero el socialismo es eso, no hay contradicción alguna. Recuerdo el efecto Mao. Para evitar que los pájaros esquilmaran las cosechas, el Gran Timonel ordenó a cada campesino matar a pedradas a cada pájaro que viera. ¿Qué pasó? Que las plagas de insectos arruinaron las cosechas porque no había depredadores que los frenaran, y la hambruna mató a varios millones de personas. Ahora, en Cuba los manifestantes salen a las calles. Mientras, el régimen intenta una treta más. El viceprimer ministro, Óscar Pérez-Oliva, sobrino nieto de Castro, anunció que Cuba se abría a la inversión de los exiliados. Es decir, que se invita a quienes tuvieron que huir de la isla y cuyas propiedades fueron robadas a que vuelvan a invertir para que les vuelvan a robar. El Marqués de Santillana no tuvo más remedio que escribir:
En otros tiempos quisiera/que de mí non se menbrara:/que cualquier bien me ficiera,/
pues que ge lo soplicara. Más después que rebatado/me vió de como solía,/me faze bevir penado/sospirando noche e día.
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