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Opinión | Miel, limón & vinagre

José María de Loma

León XIV, el pacificador

Seguramente, Robert Francis Prevost habría deseado una primera y segunda Semana Santa más tranquilas, si es que el jefe de la Iglesia puede tener una Semana Santa tranquila

El papa León XIV.

El papa León XIV.

¡Depongan las armas, recuerden que son hermanos! El titular no corresponde a un policía que trata de mediar ante sus hijos ni es parte del diálogo de un western. Lo dijo León XIV en su primera Semana Santa y primer Domingo de Ramos ante 40.000 fieles congregados en el Vaticano que siguieron la misa que dio. ¿Cuántos escaños se sacan en las Cortes de Castilla y León con 40.000 votos? ¿Y en Andalucía?

"No se puede utilizar a Dios" para justificar los conflictos, afirmó también en la Plaza de San Pedro, insistiendo en que "Dios siempre rechaza la violencia".

Y no se olvidó de los cristianos de Oriente Medio "que sufren las consecuencias de un conflicto atroz y que, en muchos casos, no pueden vivir plenamente los ritos de estos días santos", resaltó León XIV

Se esperan nuevas proclamas similares, exhortando a la paz enérgicamente. Metiendo razón por entre los pliegues de la sinrazón, los gritos, las amenazas, los misiles y los mediocres iluminados que se creen caudillos imprescindibles. Se esperan en, por ejemplo, la misa del Jueves Santo en San Juan de Letrán, por cierto, un giro respecto a la tradición del papa Francisco de celebrarla en una cárcel o en un centro de migrantes.

Seguramente, León XIV, nacido como Robert Francis Prevost el 14 de septiembre de 1955 en Chicago, agustino de formación, habría deseado una primera, y segunda, Semana Santa más tranquila, si es que el jefe de la Iglesia puede tener una Semana Santa tranquila. Al menos, en paz, no con el mundo ardiendo, en incertidumbre, temeroso de que se encienda la mecha letal. Un mundo en el que Stefan Zweig podría haber situado 'El mundo de ayer', ese Estado austrohúngaro en el que todo parecía seguro, se jubilaban los funcionarios y cobraban su pensión, los niños hacían la comunión, el césped crecía sin alteraciones y las pastelerías vendían pasteles… todo con normalidad, hasta que todo estalló sin que se supiera muy bien por qué. Y de ahí a una generación diezmada en trincheras inamovibles llenas de miedo, sudor y ratas.

Prevost tiene sólida base en matemáticas y derecho canónico y desarrolló una larga labor misionera en Perú. Ahí aprendió castellano. Los españoles tienen una buena opinión de él, incluso no pocos tienen un selfi con él. Antes de ser papa viajó mucho por estas tierras y estuvo, por ejemplo, hará lustros, pasando unos días con comunidades de Agustinos en Andalucía, donde poseen varios colegios en los que se forman miles de chavales.

A este papa le ha tocado un mundo en conflicto. No importa en qué época lea esta frase, pero es verdad que hacía mucho tiempo que el orbe no se asomaba a una guerra de esta manera, pero a una guerra, además, que tiene muchos tintes de guerra religiosa. Y tanto. Una guerra cultural, también, con partidos islamófobos que claramente hablan de exterminar esta cultura. No se quedan atrás los árabes en cuanto a lo que le desean a Israel como estado y a los judíos como pueblo. Para darle más sabor al cóctel tenemos a unos ayatolas enloquecidos y a un presidente de los Estados Unidos que no respeta el Derecho Internacional y que invade por capricho. Ahí en medio de todo esto está Prevost, León XIV, no predicando en el desierto, predicando en la Plaza de San Pedro ante 40.000 fieles, 40.000 oyentes, 40.000 teléfonos móviles captando el momento. La Iglesia lleva dos mil años funcionando y esparciendo con eficacia su mensaje cada semana. Esta era no iba a ser distinta en cuanto a eso, y menos teniendo la tecnología al alcance.

Este pontífice se ha posicionado como un mediador activo, recibiendo a líderes como Volodimir Zelenski para discutir la paz en Ucrania y abogando por un alto el fuego en Gaza ante representantes de Turquía y el cuerpo diplomático. Es un hombre afable y es muy interesante esa dualidad yanki-latina: es norteamericano pero ha vivido en Hispanoamérica muchos años, habla los dos idiomas. Lo anglo y lo hispano, tal vez una de las mixturas más interesantes que hay o que más bagaje dan para moverse por este mundo. Incluso con China en ascenso. No está claro cómo podría ser su relación con Trump ni este ha mostrado demasiado entusiasmo por el hecho de que en San Pedro se siente un compatriota. Qué dos tipos tan distintos puede dar una misma nación. Su relación puede ir tensionándose y no hay que olvidar que el papa le dio calabazas a Trump cuando éste lo invitó a integrarse en una especie de Junta por la Paz para Gaza. No participamos en instituciones de esa naturaleza política, respondió el Vaticano.

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